Apesar de las amenazas proteccionistas que siempre han estado ahí pendiendo como Espada de Damocles, la renegociación del TLC se inició entre EU, Canadá y México, y las cosas marchaban relativamente bien. De hecho, mejor de lo que muchos habían (habíamos) imaginado. Sin embargo, apenas Trump volvió a descarrilar el tren con su exabrupto en Phoenix en el sentido de que probablemente tendrá que terminar con el TLCAN bajo el argumento de que los socios comerciales se han aprovechado mucho de Estados Unidos .

El exabrupto de Trump es ciertamente de preocupar por una razón monda y lironda: se trata del presidente de Estados Unidos, el país más poderoso del orbe además de vecino limítrofe con México. Un detalle para aumentar la preocupación es que Trump también resucitó el tema que algunos creían muerto de la construcción del muro en la frontera con México.

¿Qué hacer ante el escenario? Una reacción posible es no hacer caso: a las palabras se las lleva el viento y Trump, ya lo ha demostrado, suele hablar de más con frecuencia. ¿Y si no es este último el caso respecto al TLCAN? Si de todas maneras la Casa Blanca va a tumbar el acuerdo se antoja proponer: ¿para qué renegociar un tratado que de cualquier manera no va a subsistir?

Lo más racional resulta no hacer caso de declaraciones escandalosas que a final de cuentas pueden ser sólo petardos sin trascendencia. El mismo tratamiento debe dársele a las opiniones peregrinas de López Obrador a quien ya se le atribuye la ocurrencia de que mejor habría que posponer la renegociación del TLC para después de las elecciones del 2018. La idea es desde luego absurda. ¿Cómo, por ejemplo, se le anunciaría la decisión a las contrapartes negociadoras de EU y Canadá sin daño y sin represalias?

La mejor opción para México y también al parecer para Canadá es continuar las negociaciones sin prestar oídos a los ruidos que se producen en el campo de la retórica. Aunque las pulsiones proteccionistas se encuentran presentes entre los renegociadores, éstas no se han manifestado de manera radical y ese avance es de celebrarse. Además, ¿podría de verdad Trump dar sepultura en términos políticos al acuerdo que emanara de un proceso de renegociación formal? Posiblemente no. Los costos políticos le serían inmensos y aun para un insensato es algo que no puede descartarse.

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