El teórico marxista Antonio Gramsci (1891-1937) plantea que el Estado se compone de dos actores: el gobierno y la sociedad civil. El Estado, pues, no es sinónimo del gobierno.

A lo largo del siglo XX y lo que va del siglo XXI son muchos los pensadores, marxistas y no marxistas, que han trabajado en esta misma dirección.

Para Gramsci, uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano (PCI) en 1921, el mercado era parte de la sociedad civil.

Hoy día los organismos internacionales plantean que el Estado se integra con tres actores: el gobierno, el mercado y la sociedad civil.

Así, la gobernanza, la posibilidad de hacer un buen gobierno, se entiende como la acción concertada, en la construcción de la comunidad nacional, entre los actores que constituyen el Estado.

Quienes estudian a la sociedad civil asumen que ésta se compone de dos grandes bloques: las organizaciones sin fines de lucro que se reúnen para defender sus propios intereses, como los sindicatos y las cámaras empresariales.

Y las organizaciones sin fines de lucro que se proponen ayudar o servir a los demás, que son lo que se ha dado en llamar las Organizaciones no Gubernamentales (ONG), ahora Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC).

La fortaleza del Estado sólo es posible si los tres actores que lo integran están a su vez fortalecidos. Si uno de ellos es débil, el Estado en su conjunto también.

Hoy, el desarrollo de un país es condición de posibilidad, pasa por el fortalecimiento de los tres actores que integran al Estado.

Las democracias más desarrolladas, que coinciden también con ser los países más desarrollados, entienden muy bien los planteamientos anteriores.

Los gobiernos de esos países, desde la función que les corresponde, en la lógica de la gobernanza, apoyan el desarrollo de los otros actores del Estado.

En el caso de México, por diversas razones, entre ellas que el PRI, que estuvo en la presidencia 80 años seguidos, vio a la sociedad civil como una amenaza y siempre la combatió.

A lo largo de ese tiempo, con algunas excepciones, a las OSC se les puso todo tipo de obstáculos para impedir su desarrollo.

El presidente López Obrador, formado en el PRI, confunde el Estado con el gobierno, y ve en las OSC a grupos que no puede controlar y alinear, sin más, a su proyecto.

En su anacrónica visión estatista, donde gobierno y Estado son lo mismo, no entiende y tampoco reconoce el papel de los otros actores en la construcción del Estado.

Al inicio de su gobierno, de manera frontal, ha descalificado sistemática a las OSC y ha dejado de apoyar a proyectos conjuntos, muy exitosos, construidos entre gobierno y las OSC.

El presidente no va a cambiar su posición, su arraigado y trasnochado priismo le impiden entender la nueva lógica en la construcción del Estado y el papel fundamental de las OSC.

Vienen años difíciles para la sociedad civil en su conjunto y en particular para las OSC. Son tiempos que exigen inteligencia y creatividad, para primero resistir y luego avanzar.

Twitter: @RubenAguilar

Rubén Aguilar

Asesor Político

Convicciones

Licenciado en filosofía, maestro en sociología y doctor en ciencias sociales por la Universidad Iberoamericana (Campus Santa Fe, México). Tiene estudios de comunicación en el ITESO (Guadalajara, Jalisco) y de desarrollo institucional en el INODEP (París, Francia). De 1966 a 1979 estuvo en la Compañía de Jesús.