Hace poco más de una década inició la recesión que desestabilizó a la gran mayoría de las economías del mundo. Los bancos centrales redujeron su tasa de referencia para incentivar el crecimiento. Finalmente se logró el objetivo y actualmente los países en general tienen finanzas públicas sanas.

El día de hoy el mundo está parado frente a una desaceleración económica causada en gran parte por la guerra comercial que sostienen Estados Unidos y China, pero a diferencia de lo que se vivió en los años subsecuentes al 2008, la política monetaria laxa poco puede ayudar. Es necesario complementarla con una política fiscal y habrá que acostumbrarse a una nueva realidad, es decir, las tasas de equilibrio probablemente deberán ser menores porque los objetivos de inflación también deberán revisarse a la baja.

Los banqueros centrales están frente a un gran desafío, implementar estímulos en sus economías en donde recurrir a una política monetaria expansiva no será suficiente, deberán hacerlo con una perspectiva global, ya que las economías han pasado de ser independientes a estar interrelacionadas entre sí. Cualquier decisión en cuanto a política económica, libre comercio y proteccionismo afecta no sólo el rumbo, también tiene efectos secundarios en aquellas regiones con las que se esté más relacionado.

¿De dónde parten los inversionistas para realizar sus pronósticos? Detectar con antelación la dirección de los mercados financieros resulta casi imposible, ya que los modelos utilizados se basan en la historia y hay que recordar que el mundo cambió estructuralmente.

Ahora bien, los mercados financieros siempre van un paso adelante, las expectativas de los inversionistas y explícitamente los mercados de deuda de México y Estados Unidos han puesto en la mesa que, para los próximos años las tasas de interés serán más bajas, y por transitividad, un entorno de tasas bajas es favorable para los mercados de renta variable. El escenario anterior se ha plasmado en los precios de los activos, llegando incluso a máximos históricos en el caso de los índices de valores o a mínimos históricos en el caso de las tasas de interés referenciadas a los bonos. El enigma está resuelto y se está frente a una nueva “normalidad”.

El 2020 será un gran reto en cuestión de inversiones, porque la visión con la que se construyan las estrategias es diferente a la historia vivida. No se pone en duda que habrá grandes oportunidades, así son los mercados financieros, impredecibles y llenos de variables, lo que los hace aún más interesantes.

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