Cuanto más pequeña es la empresa, más difícil es navegar por la complejidad, fragmentación y opacidad del sistema de financiación del comercio actual. Pero una mayor interconexión digital beneficiaría enormemente a las micro, pequeñas y medianas empresas y, por tanto, también a la economía mundial.

PARÍS – Los bienes y servicios se desplazan por el mundo a través de una infraestructura crítica: caminos, puertos, redes ferroviarias, rutas marítimas y servidores de datos. El ecosistema de finanzas comerciales globales de 5.2 billones de dólares que facilita estos flujos es igualmente esencial. Desafortunadamente, no siempre funciona como debería.

El sistema de finanzas comerciales de hoy se caracteriza por una red compleja de procesos manuales que llevan décadas e “islas digitales” más recientes -sistemas cerrados de socios comerciales que están desconectados del conjunto global-. Una nueva investigación del Grupo Asesor de la Cámara de Comercio Internacional sobre Finanzas Comerciales, Fung Business Intelligence y McKinsey & Company destaca de qué manera una simplificación de los procesos y una conexión e integración de estas islas en las redes y plataformas podría transformar la economía global.

Según el Banco Asiático de Desarrollo, la brecha de financiamiento comercial a nivel global aumentó en 2020 a una cifra récord de $1.7 billones de dólares -equivalente al 10% del comercio de mercancías global, comparado con el 8% en 2018-. El déficit es aún más agudo para las micro, pequeñas y medianas empresas (mipyme), que representaron el 40% de las solicitudes de financiamiento comercial rechazadas en 2020. De modo que, si bien las redes digitales sin duda son el futuro del comercio, su expansión en su formato actual amenaza con ampliar la brecha entre las grandes multinacionales conectadas y las mipyme que son centrales para el crecimiento económico y la creación de empleo en todo el mundo en desarrollo.

Por ejemplo, imaginemos una artesana en el sudeste asiático cuyo microemprendimiento emplea a cuatro personas localmente. La mujer tiene conocimientos del universo digital y ha descubierto un mercado online pequeño pero valioso para sus productos del otro lado del mundo.

Pero el sistema impositivo, crediticio y aduanero de su país, incluidos los costos de flete y órdenes de compra, no está pensado para su pequeña compañía. Sus activos están por debajo de los umbrales requeridos para pasar las pruebas de evaluación crediticia, y es necesario llenar todo el papelerío de forma manual. Por otro lado, los documentos de importación del país de destino son totalmente diferentes de la documentación de exportación de su país, lo que suma más trabajo y más costos. Ahora imaginemos si algo se pierde en el camino.

Cuanto más pequeño es el tamaño del negocio, más difícil resulta transitar esa complejidad, fragmentación y opacidad. Pero un sistema comercial más conectado digitalmente ayudaría a las mipyme a vender a países y segmentos de clientes a los que actualmente no pueden llegar.

Reformular el sistema es vital. En 2030, el mundo necesitará sumar 600 millones de empleos para absorber los nuevos ingresos a la fuerza laboral, la mayoría de ellos en los países en desarrollo. Las mipyme, que representan alrededor del 90% de las empresas globales y la mayoría del empleo, desempeñarán un papel enorme a la hora de satisfacer esa demanda y destrabar el potencial del comercio para impulsar el crecimiento económico. Asimismo, un mejor sistema de finanzas comerciales puede ayudar a aliviar los cuellos de botella de las cadenas de suministro que están desacelerando la recuperación económica y contribuyendo a una mayor inflación en medio de la pandemia del Covid-19.

Los esfuerzos previos para mejorar las finanzas comerciales han resultado en una proliferación de redes, estándares digitales e iniciativas de digitalización. Si bien muchos de ellos son excelentes, necesitamos una solución para “todo el mundo” a fin de cerrar la brecha de las finanzas comerciales de 1.7 billones de dólares.

Proponemos un modelo más sistemático que combine todo digitalmente, en lo que llamamos una “capa de interoperabilidad”. No se trataría ni de una nueva capa de burocracia ni de un sustituto de la regulación. Más bien, es una construcción virtual que ofrece un marco global para los estándares, protocolos y principios existentes y futuros, con el objetivo de conectar a todos los participantes del ecosistema de finanzas comerciales a las redes actuales y futuras.

Esta construcción se basaría en tres pilares principales: habilitadores comerciales digitales, o estándares que faciliten la digitalización tanto de las finanzas comerciales como del comercio global; normas específicas que permitan la digitalización de la industria de las finanzas comerciales, y mejores prácticas para la interoperabilidad de las finanzas comerciales. Una sola entidad industrial global o un consorcio podría administrar la capa, aprovechando esquemas existentes como la Iniciativa de Estándares Digitales de ICC lanzada el año pasado.

La capa de interoperabilidad crearía algo similar al estándar de calidad global ISO para el sistema comercial, y funcionaría en línea con el Grupo de Trabajo de Ingeniería de Internet, que desarrolla los estándares de Internet. Su creación exigirá un compromiso robusto de bancos, gobiernos, organismos comerciales y ONG. Aunar esfuerzos ahora les permitiría a los actores experimentar beneficios tangibles, potencialmente con una gobernanza sólida en 2-3 años.

Para nuestra hipotética artesana del sudeste asiático, una reparación sistémica de estas características significaría que cada paso del proceso comercial estaría online y podría ser accesible desde su computadora. Muchos pasos, incluyendo la recopilación de antecedentes financieros, estarían guiados y alimentados por inteligencia artificial, y adaptados a su pequeño negocio. Los sistemas de importación y exportación compartirían un lenguaje común para el ingreso de datos, lo que resultaría en un proceso más sencillo para ella, para las autoridades aduaneras y para la panoplia de operadores de sistemas, a la vez que haría que la resolución de problemas resultara simple y rápida.

Generar interoperabilidad es algo complejo, pero sus beneficios serían amplios y profundos. Los compradores y los proveedores probablemente gozarían de más liquidez, menores costos, menos complejidad y un mayor acceso al crédito y a mercados de empresa a empresa.

Un sistema de finanzas comerciales mejorado e integrado podría atraer a inversores institucionales que hasta el momento se han mantenido en gran medida al margen. Los proveedores de logística, que en muchos casos todavía usan papel, se beneficiarían de los costos reducidos y de una mayor seguridad y eficiencia que resulta de documentos comerciales estandarizados. Y los gobiernos y los reguladores tendrían acceso a más y mejor información para respaldar la colaboración con actores financieros y potencialmente destrabar una financiación extra.

Las innovaciones en la cadena de bloques y en la digitalización pueden mejorar significativamente el sistema de finanzas comerciales global, y garantizar que los beneficios se extiendan a las empresas de todos los tamaños y a los consumidores en el mundo.

Reparar las finanzas comerciales es vital para una economía global más sustentable e inclusiva. Y, dado que esto también es esencial para garantizar una recuperación pos-pandemia robusta, los potenciales retornos de corto plazo son inmensos.

John W. H. Denton es secretario general de la Cámara de Comercio Internacional.

Victor K. Fung es presidente del Grupo Fung y copresidente del Grupo Asesor sobre Financiamiento Comercial de la Cámara de Comercio Internacional.

Bob Sternfels es socio gerente global de McKinsey & Company.

Marcus Wallenberg es presidente de la junta directiva de SEB y copresidente del Grupo Asesor sobre Financiamiento Comercial de la Cámara de Comercio Internacional.

Copyright: Project Syndicate, 2020

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