Con la arrogancia habitual de Donald Trump, ahora apoyado por el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, sorprendieron en la última reunión del G7 al proponer que Rusia vuelva a ser parte de ese grupo. Ello es ignorar o despreciar las razones políticas que motivaron su expulsión: la crisis de Ucrania y la anexión de Crimea en el 2014, que condujo a una serie de sanciones de Europa y Estados Unidos (EU) a Rusia.

Significan rupturas adicionales del bloque occidental, emprendidas por dos jefes de Estado proclives a Rusia, evidenciadas en el caso de Trump por las intervenciones digitales y de espionaje provenientes de Rusia a favor del presidente estadounidense, que contribuyeron a su triunfo electoral.

Con todo, la propuesta de Trump y de Conte de incorporar a Rusia en el G7 fue rechazada.

Hay tres decisiones estadounidenses que son regresiones evidentes dentro del bloque occidental: 1) La decisión unilateral de EU de romper el Pacto Nuclear con Irán, mismo que, con gran esfuerzo, realizaron Alemania, Francia, el Reino Unido, Rusia y China, bajo el liderazgo de Obama; 2) La renuncia de Trump al Acuerdo de París sobre el cambio climático, y 3) Los aranceles recientes al acero y al aluminio para las exportaciones de los países de la Unión Europea, Canadá y México.

Es una tensión de socios que tiene perspectivas de un desenlace desafortunado. Si bien es cierto que EU es un país muy importante, lo mismo puede decirse de Europa en su conjunto. El presidente Macron, de Francia, señaló en el seno del G7: “puede que al presidente de Estados Unidos no le importe quedar aislado, pero al resto tampoco nos importa firmar un acuerdo de seis países”. Tiene razón. La Unión Europea en su conjunto es la mayor potencia mundial.

Otro golpe es la relación entre China y Rusia, sobre todo, a partir de las sanciones de Occidente por Ucrania. Rusia se organizó para consolidar su relación con China en inversiones y comercio. Y lo ha logrado. Hace unos días se reforzó la cooperación y se festejó el aumento del comercio.

Europa está en sus relaciones internacionales disruptivas entre Trump y Putin.

Con Trump está sufriendo la violación que éste hace de los cánones básicos del comercio.

Con Putin, por su intervencionismo digital a favor de movimientos políticos antisistema. Hacia adentro de los 27 países que integran la Unión Europea, están entre sistémicos europeístas y euroescépticos antisistema, mismos que polarizan las alianzas políticas.

Independientemente de los problemas migratorios que tienen por la dualidad de una necesidad de gente joven y los flujos masivos de emigrantes de los países del Medio Oriente, está surgiendo una discusión sobre el impulso de una política económica común. El presidente Macron ha puesto sobre la mesa de las discusiones su solicitud de que Berlín salga del “fetichismo del superávit”, que limita la expansión para consolidar el crecimiento económico sostenido y darle salida a la penuria de los países del sur de Europa, encadenados por el déficit fiscal.

El embrollo comercial creado por Trump tiene tres frentes y atribuye a ellos el problema estadounidense de su déficit comercial de 556,000 millones de dólares. Uno es Pekín, otro es la Unión Europea y otro es el TLCAN con Canadá y México. Sin distinguir rivales y socios, lanza amenazas si estos países no hacen concesiones.

La expresión de que es un chivo en cristalería es la metáfora para definir a Trump. Tiene a todos en conflicto sin aportar soluciones. Y demuestra una debilidad obsesiva por Putin.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.