En Grecia y España son evidentes las dificultades para emprender reformas. Pero no hacerlas, ahí o en otro lugar y tiempo, tiene consecuencias indeseables.

En un estudio reciente ( La Misión Klein-Saks, los Chicago Boys y la Política Económica , de la Pontificia Universidad Católica de Chile, enero del 2012), Rolf Lüders afirmó: A mediados de los años 1950 Chile inició un proceso de reforma económica –abortado unos dos años después– no muy distinto de aquel ejecutado bajo el régimen militar. De haberse persistido en aquel esfuerzo, Chile ya habría alcanzado el desarrollo. El programa que entonces propuso la Misión Klein-Saks no se diferencia significativamente de aquel liderado por los Chicago Boys unos 20 años después .

Dos conclusiones de ese análisis son: Postergar un conjunto de reformas necesario para que un país relativamente estancado vuelva a crecer a tasas normales tiene un alto costo en términos de producto perdido. Eso es lo que le pasó a Chile cuando no continuó en 1958 con el paquete de reformas propuesto por la Misión Klein-Saks. No basta con tener buenos asesores económicos o tecnócratas, sino también es necesario contar con el apoyo político e institucional para poder implementar sus recomendaciones, que a menudo no van a ser populares. El exceso de poder de los sindicatos obreros y/o de los gremios empresariales, que defenderán sus intereses,?en desmedro del poder de un gobierno interesado en maximizar el bien social, puede?ser el principal impedimento para las reformas .

Hace 55 años, hubo manifestaciones callejeras violentas en contra de las medidas del gobierno chileno.

En consecuencia, éste no renovó el contrato con la Misión Klein-Saks.

En 1955, cuando la inflación fue de 85%, aquel gobierno contrató a una empresa consultora estadounidense, la cual elaboró un programa de estabilización y propuso diversas reformas (por ejemplo, la reducción del déficit público).

Más de 50 años después, Juan Pablo Couyoumdjian, Sebastián Edwards, Cristián Garay, Adolfo Ibáñez, Cristián Larroulet y Lüders examinaron las aportaciones de esa misión. En el libro Reformas económicas e instituciones políticas: la experiencia de la Misión Klein-Saks en Chile (2011), estos autores proporcionan su mirada acerca de la situación política y económica de Chile de mediados del siglo XX y analizan los problemas enfrentados por el grupo asesor.

En un informe difundido en el 2005, Edwards citó un discurso en 1955 del Senador Salvador Allende en favor de que los profesionales chilenos diseñaran las medidas necesarias. Y Luis Correa, Ministro de Economía (1957-1958), relató en 1981: Otra de sus grandes preocupaciones la constituían?los extremos del país: Aysén, Magallanes y Arica.

Cuando los integrantes de la Misión Klein-Saks le representaron la inconveniencia del régimen de privilegios instituido en favor de la última de esas zonas, les dijo: Hagan las economías y apliquen las reformas que les parezcan, pero en el centro. Con los extremos es distinto. Quiero que la gente vaya a esos lugares y que haga fortuna .

Por otra parte, las dictaduras militares también imponen costos económicos. Según un artículo publicado en el 2005 por Kanta Marwah y Lawrence R. Klein, en 1974-1988, durante el régimen encabezado por Augusto Pinochet Chile perdió anualmente 1-1.5 puntos porcentuales de su crecimiento potencial debido al exceso de gasto militar.

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