Según el Banco Mundial, las tasas de generación de basura están aumentando en una curva exponencial. De la misma manera, la población mundial crece a pasos agigantados y la problemática que vivimos hoy respecto a la basura que generamos es absurda. En el 2016, se generaron alrededor de 2,001 millones de toneladas de basura y se estima que para el 2050 se tenga un crecimiento de 70% para llegar a tener 3,400 millones de toneladas de basura en el mundo. Éste es un problema de todos, pero sobre todo de las administraciones locales encargadas del manejo de residuos.

La CDMx es la segunda metrópoli en el mundo que genera mayor basura y si no es depositada de forma correcta, causa 80% de los encharcamientos e inundaciones de la ciudad. Alrededor de 1,200 toneladas de desechos son retiradas de la red de drenaje. La adecuada gestión de residuos y la responsabilidad ciudadana podrían evitar complicaciones como inundaciones por lluvias y acumulación de basura en las calles.

Plan Basura Cero

El gobierno de la CDMX ideó cómo reducir la basura con base en un plan de economía circular, el cual busca sostenibilidad ecológica y un ahorro de 8 millones 381,694 pesos para el 2024 de la inversión para manejo de basura.

El programa de la CDMX busca transformar los hábitos de la población hacia una cultura cero, una cultura real de reciclaje, reducción del consumo, reutilización y reparación en vez de desecho. En el mundo, países como China afrontan la problemática desde la raíz con un ángulo digital y tecnológico. El primer paso en todo programa de reciclaje es la clasificación de los residuos desde su origen, el mayor reto, pues depende del involucramiento ciudadano. El gobierno chino lo tiene claro, por lo que está creando la infraestructura para la correcta clasificación de la basura, identificando su origen y creando una plataforma de datos que permita eficientar el proceso y hacerlo más fácil para el ciudadano, con una mejora continua.

El 1 de julio, Shanghai comenzó un programa obligatorio de clasificación de basura. Hogares y compañías tienen que hacerlo en cuatro categorías y ponerla en lugares y horarios específicos. Incumplir la disposición implica multas; si es una compañía se arriesga a tener menor calificación crediticia.

El estricto programa se ha convertido en tema de conversación de los ciudadanos chinos, quienes critican la inflexibilidad y debaten sobre la clasificación de los desechos. Sin embargo, las startups chinas más tecnológicas han salido al rescate con ideas innovadoras. Las más grandes compañías de internet respondieron con nuevas funcionalidades de búsqueda que ayudan a las personas a identificar qué desechos son “mojados” (composta), “secos”, “tóxicos” o “reciclables”. Es evidente que hasta la persona más consciente podría tener problemas identificando la basura.

Hay apps, como Baidu, Alipay y WeChat, que te ayudan con eso y te explican. Alipay, mini-app de clasificación de basura, ganó más de 1 millón de usuarios en tan sólo tres días. La lite app que está disponible sin la necesidad de bajarla dentro del e-wallet tiene más de 1 billón de usuarios y ya indexó más de 4,000 tipos de basura. La base de datos continúa creciendo y pronto podrá recurrir a conocimiento de imágenes para clasificar la basura al tomarle una foto.

Por otro lado, también hay opciones alternativas para la gente poco activa o la que esté ocupada para cumplir con los horarios específicos del nuevo programa. Startups de valet para basura están triunfando y llegan a la puerta para ofrecer una solución. De la misma manera, otro desarrollador ayudó a Alipay a construir otra mini-app de reciclaje que ahora recolecta basura de 8,000 complejos de departamentos en 11 ciudades chinas. A la fecha, más de 2 millones de personas han vendido su material reciclable a través de esta plataforma.

Aparte de ofrecer soluciones específicas a hogares, compañías están construyendo software para facilitar la vida a empresarios. Algunos complejos residenciales en Shanghai comenzaron a usar códigos QR para marcar el origen del residuo. En cada hogar se puede pegar un código QR en la bolsa de basura, que será escaneado para clasificación cuando llegue a la estación de manejo de residuos. De esta forma, los reguladores de cada región sabrán exactamente de qué familia vienen los residuos, aunque las regulaciones del presente aún no requieren trackear el nombre real.

Como es costumbre en mis artículos, cierro con una invitación para por un lado pensar en soluciones claras que resuelvan los problemas de raíz; por otro lado, no dejar de observar lo que en otros países se ha hecho y se está haciendo para resolver los inmensos problemas de las grandes urbes.