Sayyid Qutb fue el personaje más famoso del mundo musulmán durante la segunda mitad del siglo XX; se le conoció en occidente como el filósofo de Al Qaeda y del movimiento fundamentalista de los Hermanos Musulmanes. En 1954, el gobierno del presidente egipcio, Gamal Abdel Nasser, declaró ilegal a la hermandad y Sayyid Qutb lo acusó de ser instrumento en manos enemigas para occidentalizar la región. El presidente Nasser reprimió a los Hermanos Musulmanes y varios teólogos de la hermandad se exiliaron en los países vecinos. Muhammad Qutb, hermano de Sayyid, emigró a Arabia Saudita, donde se convertiría en un teólogo influyente, promotor de las enseñanzas de su hermano. A finales de los 70, Muhammad tendría entre sus alumnos de la Universidad Rey Abdulaziz a un joven de 20 años, estudiante de ingeniería civil, de nombre Osama Bin Laden. Sayyid decidió quedarse en Egipto, donde fue encarcelado en la prisión militar, una de las más crueles.

Durante sus años en prisión, Qutb se las arregló para escribir. Entre sus libros sobresale Bajo la sombra del Corán —un extenso comentario al libro sagrado del Islam en 30 tomos—; sin embargo, los libros que sirven de inspiración a los grupos terroristas hasta el día de hoy son Piedra milenaria y Jalones en el camino. En esos libros está todo lo que un extremista requiere para justificar cualquier acto en contra de occidente o de musulmanes poco musulmanes. Todos, desde Osama Bin Laden hasta Abu Bakr al Baghdadi (líder de ISIS abatido en junio de 2017), pasando por Abu Musab al Zarqawi (líder de Al Qaeda en Irak, abatido en junio de 2006), Aiman al Zawahiri (integrante clave de Al Qaeda) y tantos otros, han sido estudiosos de los libros de Sayyid.

Sayyid conoció la mentalidad de su enemigo: había estudiado un master en Educación —entre 1948 y 1950— en la Universidad de Northern Colorado, Estados Unidos, considerada la Escuela Normal del estado, dueña de una larga tradición en la formación de profesores. En 1951, decepcionado de la cultura norteamericana, regresó a Egipto para unirse a la organización de los Hermanos Musulmanes, de la que llegaría a ser su principal ideólogo.

Hay una fotografía en Internet. Lo vemos en su celda, se asoma, toma los barrotes con las dos manos como se toma el volante de un auto. Viste una camisa percudida y en la cabeza la taqiyah, o gorra de oración, que le da cierta candidez a su mirada; sin embargo, su brillo es de certeza, es la mirada cómplice de una mente llena de odio, la de alguien que sabe que se saldrá con la suya aun cuando espera ser ejecutado. Le ofrecieron salvar su vida si renegaba de sus ideales. Murió en la horca en 1966.

Quince años después, el 6 de octubre de 1981, cerca de las 12 del mediodía, el presidente egipcio Anwar el Sadat era asesinado por una ráfaga de metralletas en manos de seis soldados de su ejército. Minutos después, el vice primer ministro Hosni Mubarak asumiría el poder para permanecer en ahí hasta febrero del 2011, cuando fuera derrocado por los Hermanos Musulmanes en el contexto de la Primavera Árabe. Durante el atentado de 1981, los asesinos del presidente Anwar el Sadat gritaron frases de los libros Piedra milenaria y Jalones en el camino de Qutb. Cada atentado terrorista perpetrado desde entonces es un eco de aquella mirada tras las rejas, la mirada de un hombre que esperaba su muerte.