Qué ver

Netflix

Sin duda uno de los estrenos más esperados de la televisión del verano es la nueva temporada (o tercera parte, dicen ellos) del fenómeno mundial que se ha vuelto La casa de papel. Son ocho episodios producidos después de que la serie española rebasara todas las expectativas de audiencia volviéndose la serie en idioma distinto al inglés más vista en el mundo. Durante su primera semana, la nueva entrega ha sido vista por más 34 millones de espectadores (en España, Italia, Francia, Portugal, Brasil, Chile y Argentina).

Es una nueva aventura que se inserta en forma plausible en el mundillo del profesor y sus asaltantes Dalí. Debo decir que mis expectativas eran bajas, pues éste es justo el terreno donde las secuelas suelen fracasar repitiéndose con historias derivativas y forzadas. No es el caso. Esta nueva entrega es tan adictiva como las anteriores, si acaso con aún mejor ritmo, pues sus creadores ya no necesitan construir los antecedentes de cada personaje y deben considerar que ya vimos lo anterior, ya sabemos de lo que son capaces y conocemos el tipo de sorpresas que suelen barajar. Y aun así, han subido la apuesta. No sorprende que en EU, donde hay una larga tradición de cine a propósito de heists, se esté cocinando un remake a la americana.

Amazon Prime

Los últimos años, el mundo del entretenimiento ha sido dominado por el Marvel Cinematic Universe (MCU). Cómodos al escapar de las páginas de los cómics, los superhéroes han habitado más allá de las pilas de mercancía que hace las veces de servicio de fans y marketing. Si estás cansado de ver superpoderosos hasta en la sopa (en EU hay versiones Avengers de latas Campbell), el nuevo lanzamiento de Amazon puede resultar refrescante.

The Boys es una saga de humor retorcido sobre un mundo donde los superhéroes son reales, suelen abusar de su poder, y son controlados por una compañía que explota en todos los sentidos su valor comercial y su imagen en redes sociales. The Boys no cae en un humor fársico total como la genial The Tick. Su propuesta es cínica, hiperviolenta, y con una dosis de realismo que la convierte en una sólida sátira más allá de la lógica de cómic para insertarse en un verosímil mundillo de celebridades, influencers, y el “culto” como resultado del mercadeo mediático. Sus creadores se preguntan si estos nuevos superpoderosos son tan corruptos, abusivos y pervertidos como el resto del mundo. La respuesta es sí. Desde los primeros minutos vemos al hombre invisible pasar las tardes en el baño de mujeres y a Homelander (versión patriota de Superman, con todo y la bandera de EU como capa) arrojar a un asaltante como quien se deshace de un mosquito.

Qué no ver

Netflix

Una de las cosas más extrañas de esa suma de plagios/homenajes/explotación de nostalgia ochentera que es Stranger Things ha sido la decisión de convertir una serie que aún en su humor kitsch conectaba con una época y un estilo derivado del cine y la literatura (desde Stephen King hasta Steven Spielberg, con toques de John Carpenter) en una comedia adolescente que revuelve alrededor del culto la falsa celebridad que sus personajes han adquirido en convenciones como Comic Con.

Sí, la tercera temporada conecta el mundo del revés con la paranoia de la guerra fría (los rusos tienen su propio acceso al mundo al revés). Sí, se sigue explotando el deleite que provoca burlarse de los peinados, modas y cultura popular de la década formativa de la generación buscando evolucionar hacia una comedia romántica pueril donde los niños de las primeras entregas crecen, encuentran el amor y se enfrentan a otra ración de horrores.

El resultado, sin embargo, carece por completo de ritmo. Los primeros episodios se padecen más que se disfrutan (a pesar de un regocijo en el naciente culto al mall), y al acercarse a su final de cliffhanger, no queda sino preguntarnos si los Duffer tendrán más trucos en su bolsa de reciclaje para una cuarta entrega. Sólo para fans que sientan amor incondicional por Mike y sus amigos.

Evítense también Otra vida, What/If y Osmosis.

@rgarciamainou

Ricardo García Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).