Con un escenario de tanta vulnerabilidad, cuesta trabajo defender la convergencia hacia 3% para el cierre del 2018.

El día de hoy se publica la inflación de la primera quincena de noviembre. Tradicionalmente hay un aumento mayor al usual por el despliegue de las tarifas de energía eléctrica que suben durante el invierno.

El consenso de los participantes en el mercado espera un aumento de 0.73% (Invex, 0.70 por ciento). A falta de tres quincenas, la inflación anual se mantiene por arriba de 6.3 por ciento. Cerrará el año cerca de esos niveles.

Las autoridades continúan aduciendo los incrementos en bienes que integran la canasta no subyacente como la principal causa; en especial, en algunos precios de bienes agropecuarios y en el gas natural, han repercutido en la trayectoria. También se menciona que la renovada alza del tipo de cambio desde septiembre podría presionar de nuevo al subíndice de mercancías en caso de permanecer.

Sabemos que, como no habrá otro gasolinazo, en enero la inflación mensual será mucho menor que la registrada en enero pasado y que ello redundará en un descenso importante de la inflación calculada para los últimos 12 meses. Posiblemente en febrero la inflación anual se ubique por debajo de 5 por ciento.

Sin embargo, las mismas autoridades han mencionado que dada la acumulación de choques temporales (Ver “La temporalidad Permanente”, El Economista, 16 de noviembre del 2017), la trayectoria de descenso será más lenta, tanto en la inflación volátil (no subyacente), como en la menos volátil (subyacente).

¿Qué nos puede hacer pensar que la trayectoria que ahora apunta Banxico de un nivel cercano a 5% hasta un nivel cercano a 3% realmente sucederá?

En su exposición de riesgos a la baja en la inflación, Banxico habla de dos hechos concretos: a) Una apreciación de la moneda por un resultado mejor a lo esperado en la negociación del TLCAN y b) Un descenso mayor a lo anticipado en la actividad económica.

La posibilidad de descensos adicionales en precios derivados de los efectos de reformas estructurales nos parece un argumento menos concreto.

Pensando en estos hechos, coincidimos en que el escenario de la inflación se ha vuelto más vulnerable.

No se visualiza una salida cómoda que entusiasme a los inversionistas por el lado de las negociaciones del TLCAN y, por otro lado, el argumento de la trayectoria de la economía tiene su truco.

El crecimiento económico en este año será menor a lo esperado, por el impacto de los desastres de septiembre, pero también por una trayectoria de descenso en los niveles de consumo que se ha visto a lo largo del año. El mismo Banco de México redujo su estimación de crecimiento para el 2017.

Para el año próximo Banxico no cambió su expectativa de un crecimiento dentro de un rango muy amplio de 2.0% a 3.0 por ciento. ¿El resultado pretendido de la inflación implica una tasa de 2% o menor en el crecimiento?

No lo sabemos, pero podría ser un escenario posible si el tipo de cambio sufre más alteraciones y el Instituto Central tiene que subir más las tasas para controlarlo.

Ayer por la tarde la publicación de las minutas del Comité de Mercados Abiertos de la Fed generó un pequeño respiro al evidenciar que aún hay muchas dudas sobre la inflación que se resiste a subir en Estados Unidos. Pero cuidado, no piense que una moderación en la expectativa de alzas de tasas en Estados Unidos evitará que Banxico suba la tasa de corto plazo si aquí las expectativas continúan deteriorándose.

Y seguramente, después de los cambios en la previsión publicados ya lo están haciendo.

*Rodolfo Campuzano Meza es Director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario pueden ser enviados al correo:

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