Canadá lo puso en la mesa. Estados Unidos lo ha colocado en el aire, como si fuera la espada de Damocles. México ha dejado atrás el rechazo tajante, pero no ha definido cuánto puede ceder. La cuestión es complicada porque va más allá de las negociaciones del TLCAN: ¿qué hacer para mejorar los sueldos en México?

Hay acción fuera del cuadrilátero marcado por los equipos negociadores. De manera sorpresiva, la Unión Nacional de Trabajadores, que encabeza Francisco Hernández Juárez, firmó un convenio con el mayor sindicato de Estados Unidos, la AFL-CIO. Esta alianza busca que la parte laboral sea incluida en las negociaciones. Estos sindicatos quieren cerrar la brecha salarial entre México y Estados Unidos y acabar con los contratos de protección, que perjudican a los trabajadores.

Esta alianza es sorpresiva porque, hasta ahora, los sindicatos del Norte del Río Bravo habían mostrado una gran desconfianza hacia los sindicatos mexicanos. Los consideraban más cercanos a los patrones y al Gobierno que a los trabajadores. Además de corruptos, of course.

Para operar plenamente en el contexto del TLC, a esta alianza binacional le hace falta un sindicato canadiense. En primer lugar porque la agenda laboral de la región Norteamérica comprende los tres países. Más importante, quizá, es que la delegación canadiense es la única que ha incluido a sus sindicatos en la negociación.

¿Podrá una coalición internacional de sindicatos mejorar los sueldos en México? Querer es poder, dicen los libros de autoayuda. La realidad es un hueso más duro de roer. Los salarios en México son entre 10 y 20% de lo que son en Estados Unidos y Canadá, en actividades e industrias comparables.

La brecha salarial entre México y sus socios se ha incrementado en los 23 años de vigencia del TLC. Esto ha ocurrido a pesar de que ha habido incrementos sustanciales en la productividad en las industrias más integradas. El caso de los trabajadores automotrices es emblemático, pero no es el único. Algo similar ha ocurrido con la industria electrónica y en servicios como call centers.

La tendencia a la baja de los salarios en México debería generar preocupación en México, pero no lo ha hecho porque ésta ha funcionado para contener la inflación y se ha convertido en un factor de competitividad y atracción de inversiones. Casi podríamos poner un letrero: alta productividad y gran calidad a menor precio que China.

¿Cómo explicar esta baja de los salarios en México? Los sindicatos de Estados Unidos y Canadá enfatizan el nefasto papel que han jugado los líderes/dueños de los sindicatos de México. En vez de defender los intereses de los trabajadores, se han enriquecido y han contribuido a fortalecer el control político de la vida laboral.

Los estudios más serios no desdeñan el papel de los sindicatos, pero completan la explicación con otra pieza del rompecabezas: el gigantismo del sector informal. Más de la mitad de la población ocupada de México trabaja en la informalidad. Están en actividades de muy baja productividad y bajas remuneraciones. Este océano de informalidad presiona a la baja los sueldos del sector formal.

La informalidad y la corrupción sindical actúan como dos pinzas que asfixian el mercado laboral. El TLC y un pacto trinacional de sindicatos no bastarán para librarnos de ellas, pero algo ayudarán. ¿Cuánto? Ésa es la cuestión.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx

Luis Miguel González

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.

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