Los reguladores están cada vez más preocupados de que el sector financiero no esté preparado para los riesgos climáticos. Recientemente, Bélgica, China y Alemania sufrieron lluvias torrenciales e inundaciones devastadoras; Irlanda y Finlandia han experimentado temperaturas récord y se han producido incendios forestales en partes de EUA, Rusia y Brasil. Se han perdido vidas, los medios de subsistencia se han visto gravemente afectados y grandes extensiones de tierra y propiedades han resultado dañadas como resultado de estos fenómenos meteorológicos extremos. Si las recientes noticias meteorológicas son una indicación, estas preocupaciones no están fuera de lugar.

Los bancos centrales y otros reguladores del sector financiero han comenzado a tomar estos riesgos en serio. Los reguladores de los Países Bajos, Francia, el Reino Unido y el BCE han involucrado activamente a sus bancos, compañías de seguros, fondos de pensiones y otras compañías del sector financiero en ejercicios piloto de pruebas de estrés para probar la resiliencia de estas empresas a los riesgos relacionados con el clima. La estructura amplia de estas pruebas es similar a las pruebas macroeconómicas de estrés estándar o específicas del sector financiero y que se han realizado de forma rutinaria desde la Crisis Financiera Global de 2008, pero existen importantes desafíos que superar. De hecho, estos desafíos son lo suficientemente importantes como para que el regulador considere que no se puede confiar en los resultados del ejercicio para establecer coeficientes de solvencia específicos por empresa, como es el caso de las pruebas de estrés estándar.

Uno de los principales desafíos son los datos. Los seres humanos nunca han experimentado el calentamiento global a esta escala, lo que implica que no tenemos datos confiables a nivel macroeconómico, geográfico o sectorial para desarrollar escenarios confiables. La última vez que la tierra estuvo tan caliente fue hace 3 millones de años y la economía global y el sector financiero no existían entonces.

Los reguladores han respondido a este desafío presentando múltiples escenarios en lugar de un único escenario de estrés. El Banco de Inglaterra y la Banque de France han adoptado tres escenarios que reflejan diversos grados de esfuerzo para abordar el desafío climático. El escenario “óptimo” es aquel en el que los gobiernos actúan de inmediato mediante la introducción de nuevas regulaciones, incluyendo impuestos a emisiones de CO2, y lo suficiente como para lograr cero emisiones netas de CO2 para 2050. El segundo escenario es uno en el que el objetivo final de cero emisiones netas es similar, excepto que, en lugar de actuar de inmediato, los gobiernos retrasan diez años y comienzan en 2030. 

Ese retraso demuestra ser costoso porque la política tiene que hacer más para lograr la misma reducción de emisiones en el punto final. El tercer escenario, conocido como escenario de "invernadero", es uno en el que los responsables de la formulación de políticas no hacen nada más de lo que ya se hace actualmente. En este caso, la temperatura de la tierra aumenta en más de tres grados centígrados, lo que resulta en importantes pérdidas de capital y producción a largo plazo.

Otro desafío importante es el horizonte de tiempo. Las pruebas de estrés climático generalmente duran 30 años, que es el tiempo que se espera que tome para que se materialicen todos los riesgos del cambio climático. Esto es mucho más largo que los habituales 5-7 años que utiliza el sector financiero para evaluar el riesgo crediticio. Un horizonte más largo requerirá nuevos modelos y experiencia.

A pesar de estos desafíos, las pruebas de estrés climático ayudarán a las instituciones participantes y al regulador a dimensionar la escala del riesgo de cada institución y del sistema financiero en su conjunto y a tomar medidas para garantizar que las prácticas comerciales se adapten ayudando a facilitar la transición hacia emisiones netas cero. No hacer nada no es opción.

Lucía Buenrostro

Actuaria por la UNAM

Columna invitada

Lucía Buenrostro es Maestra en Economía por El Colegio de México y Maestra en Matemáticas y Finanzas por el Imperial College (Reino Unido). Es Doctora en Economía por la Universidad de Warwick (Reino Unido). Ha desempeñado labores de docencia e investigación en la UNAM, en la Universidad de Warwick y en la Universidad de Oxford.

Cuenta con una amplia y sólida trayectoria en el sistema financiero internacional donde laboró por casi 15 años en Londres como responsable de áreas de administración de riesgos en la banca de inversión.

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