Trump compareció por primera vez frente al Congreso de su país y no hubo, en realidad, cambios notables en su discurso. Los mismos temas que ya le son conocidos. Primero, las importaciones que realiza ese país en nada benefician a los consumidores y únicamente arrebatan empleos a Estados Unidos. Segundo, las empresas estadounidenses que invierten en el extranjero tampoco derivan a la sociedad ningún beneficio por esas operaciones y también sólo se llevan a otros países empleos estadounidenses. Y en ese mismo orden xenófobo, los inmigrantes únicamente llegan a succionar puestos de trabajo y a cometer crímenes.

Cómo estarán de revueltas las cosas allende al Bravo que tan simplonas ideas, que habrían merecido una calificación reprobatoria en un curso introductorio de economía en cualquier universidad digna del nombre, fueron recibidas con ovaciones en el Capitolio en Washington. Las escenas recordaban al presidencialismo mexicano en sus peores momentos.

Pero mientras tanto, la diplomacia mexicana parece perdida en un mar de desconcierto sin indicios de estar trabajando en la formulación de una estrategia de negociación viable con el gobierno de Trump. Esta última sensación de vacío fue la que dejó el canciller Videgaray en su también reciente comparecencia ante la Cámara de Senadores local. Sobre la postura que el gobierno de México ha asumido frente al de Trump, ese canciller seguramente inmerso en su interminable proceso de aprendizaje diplomático apenas alcanzó a balbucear un formulismo hueco sin contenido operativo: En mi opinión, la postura (...) ha sido firme, ha sido clara, ha sido inteligente y ha sido oportuna . ¿Pero cuál postura firme, clara, inteligente y oportuna hemos en realidad visto? Pamplinas.

A diferencia, un principio de formulación clara para una estrategia de negociación debería partir de que las políticas de Trump causaran daños a grupos muy numerosos e importantes dentro de los Estados Unidos. Ése es el tema sobre el cual debe empezar a realizarse una investigación seria y profunda por parte del gobierno de México. Obtenido ese conocimiento y con los pelos en la mano puede empezarse a dialogar con las autoridades estadounidenses, a la vez de denunciar por conducto de los odiados por Trump medios de comunicación, la imprudencia del gobierno de ese país de infligirle deliberadamente daño mediante sus políticas a sus ciudadanos. Asimismo, y aún de mayor importancia, entrar en contacto con esos grupos que resultarán perjudicados para convocar su apoyo y respaldo.

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