La actual crisis económica se debe a choques simultáneos en la oferta y la demanda con efectos pendulares, situación comparable a los desastres naturales o a las guerras. Es importante que los organismos del Estado, el sector privado y la sociedad civil se solidaricen con la necesidad de salvar vidas y garantizar las formas de subsistencia.

Robert Lucas declaraba en el 2003 que la remediación definitiva del problema central de la depresión era dejar a la política monetaria a cargo de la administración del ciclo económico y reducir la política fiscal a los escasos escenarios donde no estorbara a los incentivos de los agentes económicos. La pandemia de Covid-19 muestra que el sistema económico se caracteriza por fluctuaciones con serias consecuencias en el bienestar de la población y que limitar el arsenal de medidas a las consideradas por Lucas es insuficiente.

El entendimiento de las causas de las crisis económicas permite reconocer lo que los gobiernos y bancos centrales deben implementar para reactivar la economía. En el caso de la actual, ésta se debe a choques simultáneos en la oferta y la demanda con efectos pendulares, situación comparable a los desastres naturales o a las guerras. En esos casos, el Estado lidera los esfuerzos para proteger la vida y los medios de subsistencia de los ciudadanos. El Banco de México —en consonancia con otros bancos centrales— ha reducido la tasa de referencia hasta un nivel de 6 por ciento. También estableció una serie de medidas para proveer de liquidez al sistema financiero y de recursos para fomentar el otorgamiento de crédito. Estas disposiciones son necesarias pero insuficientes.

La tasa anterior está bastante lejos de la tasa efectiva de créditos personales y microcréditos otorgados por instituciones financieras reguladas, por arriba de 40 por ciento. Por ello, se necesitan políticas adicionales para que pequeños negocios y ciudadanos recurran al crédito en condiciones sostenibles, sin endeudarse en exceso ni rematar activos para sobrevivir en este grave episodio, ya que es previsible una disminución de la oferta de crédito.

México enfrenta esta crisis con un espacio fiscal limitado y con una prima elevada de riesgo para su deuda que es injustificada dados los fundamentales fiscales y la rígida predilección por el equilibrio presupuestal que ha caracterizado a la administración actual. Este nivel elevado de tasa podría hacer insostenible un incremento del déficit, especialmente si la situación de paro se prolonga.

Afortunadamente, dentro del conjunto de políticas de los bancos centrales, existen otras alternativas, una de ellas es la monetización del déficit, esto es, transferencias directas del banco central al gobierno, para financiar el gasto extraordinario para enfrentar la crisis, como lo han implementando el Banco Central y la Tesorería de Reino Unido.

Los bancos centrales tienen la facultad de crear dinero en forma de moneda o registrando un saldo positivo, un crédito, en la cuenta del gobierno. Una preocupación común es que la monetización puede repercutir en un aumento a la inflación. Willem Buiter y Olivier Blanchard han señalado que este no sería el caso si se prevé que los agentes económicos reconozcan que está restringida a una situación extraordinaria, y que el potencial sesgo inflacionario sería de muy breve duración. Además, a juzgar por el fuerte entorno deflacionario, ejemplificado con el mercado petrolero, esta preocupación parece excesiva.

Es importante que los organismos del Estado, el sector privado y la sociedad civil se solidaricen con la necesidad primordial del gobierno de salvar vidas y garantizar las formas de subsistencia. Es la única forma de enfrentar exitosamente el momento actual y atajar las consecuencias más negativas para el bienestar material y humano de millones de mexicanos.

Lucía Buenrostro

Actuaria por la UNAM

Columna invitada

Lucía Buenrostro es Maestra en Economía por El Colegio de México y Maestra en Matemáticas y Finanzas por el Imperial College (Reino Unido). Es Doctora en Economía por la Universidad de Warwick (Reino Unido). Ha desempeñado labores de docencia e investigación en la UNAM, en la Universidad de Warwick y en la Universidad de Oxford.

Cuenta con una amplia y sólida trayectoria en el sistema financiero internacional donde laboró por casi 15 años en Londres como responsable de áreas de administración de riesgos en la banca de inversión.