En otras ocasiones he sostenido que el programa económico de López Obrador es el único que ofrece propuestas puntuales para revertir el bajo crecimiento económico, ya sistémico de la economía mexicana y sin poner en riesgo la estabilidad. El candidato del PRI no tiene que abundar en su propuesta, que ahora adorna con cuanto programa social se le ocurre, ya que sería la misma política instrumentada, en los últimos años, precisamente por Meade. De la de Anaya conocemos poco: el ingreso universal que no logra estimar, combinado con reducciones de impuestos, nada más. Tal vez en el libro de sus propuestas, no conocido, por no estar publicado, ofrezca alguna pista. En realidad, el proyecto económico de Anaya es el mismo del de los últimos años, ya que lo apoyó en cada una las votaciones respectivas como diputado. Del de AMLO me parece importante destacar cuatro puntos.

Uno es incrementar la inversión pública. La actual es una de las más bajas de la historia. De hecho, lo que vimos en esta administración es que la deuda, cada año, supera, por mucho, la inversión física del gobierno. Es posible reducir el gasto burocrático del gobierno para reorientarlo a la inversión. La inversión pública permitirá financiar proyectos de infraestructura que detonen inversión privada, principalmente en la región sur del país. La deuda solamente se debe destinar a proyectos específicos de inversión con retornos sociales importantes.

Otro es enfocar los esfuerzos para incrementar el contenido nacional de nuestras exportaciones, así como de la proveeduría de las grandes empresas y del gobierno. Se trata de algo similar al programa de política industrial presentado en el Reino Unido para enfrentar la salida de la Unión Europea. La estrategia incluye promover investigación y desarrollo, así como mayor absorción de tecnología de nuestros productos, para incrementar su valor agregado. En este sentido, también se propone incrementar la producción nacional de energéticos. La apertura comercial debe ser acompañada de políticas inteligentes que integren a más empresas a las grandes cadenas de valor.

La agricultura puede ser un motor de crecimiento de la economía, un factor para reducir la pobreza y lograr seguridad alimentaria. Es posible incrementar la inversión y la productividad del agro, con mayor tecnología para reducir importaciones de arroz, maíz y trigo, lo que tendría un gran efecto detonador en regiones de bajo nivel de ingreso en el país. Se requieren de políticas para que la agricultura mexicana pueda adaptarse al cambio climático.

La propuesta de AMLO también pretende mejorar el medio ambiente de negocios y fomentar el mercado interno. Por eso se propone incrementar la oferta educativa para la formación en carreras tecnológicas, capacitar la mano de obra, desregular trámites y orientar a la banca pública y privada para incrementar el financiamiento a las empresas. Políticas como el incremento al salario mínimo y las pensiones no contributivas para personas de la tercera edad permitirían incrementar el consumo interno.

Se trata de cuatro políticas razonables, aplicadas en muchas naciones, que buscan detonar crecimiento y redistribuir mejor la riqueza.

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.