En el 2011, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés) abrió el debate a nivel mundial sobre la gran cantidad de alimentos que son producidos y nunca llegan a ser consumidos.

En el 2011, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés) abrió el debate a nivel mundial sobre la gran cantidad de alimentos que son producidos y nunca llegan a ser consumidos. La problemática empezó a ser analizada y cuantificada, representando para los países el reto de generar estrategias para la medición y reducción de la pérdida y desperdicio de alimentos (PDA)

Según la definición de la FAO, las PDA es la disminución de la masa de alimentos para el consumo humano en cualquier punto de la cadena productiva.

Refiere que la pérdida ocurre durante la etapa de producción, postcosecha, almacenamiento y transporte; mientras que el desperdicio de alimentos ocurre durante la venta y el consumo final.

El análisis y la cuantificación de las PDA llevan implícita la necesidad de identificar las ineficiencias a lo largo de la cadena o red de valor de productos agroalimentarios, desde la producción primaria hasta las etapas subsecuentes de manejo, distribución y procesamiento.

Al respecto, datos mundiales reflejan que por etapas de transformación la proporción de PDA es de 28%, en la etapa de producción primaria; 6%, procesamiento; 22%, manejo y almacenamiento; 17%, distribución y mercadeo, y 28%, consumo final.

Con respecto a la etapa de pérdida de productos agrícolas -y a manera de ejemplo-, en la producción de maíz, la red Insumo-Producto en México calculó que 16% de la producción se pierde en bodegas y almacenes debido a carencias técnicas y tecnológicas de almacenamiento; malas prácticas de conservación del grano provocan daños por insectos, hongos, bacterias o roedores.

En la producción de cítricos, el análisis del Instituto Tecnológico Superior de Martínez de la Torre calculó que de 25 a 30% de la cosecha de limón persa se pierde; en la etapa de manejo postcosecha hay de 8 a 10 toneladas de desechos a la semana.

Las razones por las que se producen pérdidas son específicas debido a las características de cultivo y transformación del producto primario; sin embargo, algunas generalidades son: ineficiencias tecnológicas, desconocimiento de buenas prácticas de producción y manejo postcosecha, falta de infraestructura de almacenamiento y transporte, distorsiones de mercado, falta de acceso a la información oportuna y confiable y deficiente planeación de la producción y la comercialización. Por otra parte, los desperdicios recaen generalmente en las actividades de vendedores minoristas, los restaurantes y finalmente en los consumidores.

Los factores que ponen en lugar estratégico al primer eslabón de la red de producción hacen relevante el tratamiento de la producción primaria para generar impacto en la mitigación del problema.

El producto primario producido y no consumido conlleva el gasto de recursos tierra, agua, inversión pública/privada que no llega a generar ingresos.

Las posibles ineficiencias de los primeros eslabones repercuten en el resto de la red afectando el precio de los alimentos, disminuyendo los ingresos de los productores e impactando en el bienestar de los consumidores.

En la continuación de esta nota expondré las causas de pérdidas de alimentos en la producción primaria así como las estrategias que ayudan a reducirlas y mitigar sus efectos.

*Angélica Fermoso Gómez es Especialista en la Subdirección Técnica y de Redes de Valor de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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