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Pensamiento crítico y la política

Entre las que se conocen como “habilidades blandas” más relevantes, se encuentra la denominada “capacidad de pensamiento crítico”. Esta se refiere, de acuerdo a su definición, a la capacidad de realizar la correcta valoración de las afirmaciones o la información.
De acuerdo con especialistas, el desarrollo de la capacidad de pensamiento crítico requiere por lo menos la combinación de tres elementos: habilidades para llevar a cabo esta valoración, actitud para emprender esa valoración de la manera más objetiva posible (sin prejuicios o preconcepciones) y, el conocimiento mínimo necesario para que la valoración de la información o de las aseveraciones tenga elementos sólidos y verificables.
De manera amplia, el pensamiento crítico debe de incorporar las capacidades de razonamiento analítico y de encontrar en nuevos descubrimientos, los elementos que permitan contrastar o redondear la percepción y valoración de las cosas. Son estos elementos los que permiten sobreponerse y reconocer las falacias y los sesgos de información, que están en la base de la distorsión del razonamiento y que se contraponen con la capacidad de pensamiento crítico.
En la discusión de los fenómenos políticos, tal vez más que en otros campos, es en donde más es posible percibir la carencia fundamental de pensamiento crítico; tanto al analizar las posiciones o posturas de aquellas personas, corrientes, partidos o visiones políticas con las que nos sentimos identificados, como aquellas con las que nos percibimos enfrentados o rechazamos.
En el libro Critical Thinking in Psychology, de Robert J. Sternberg y Diane F. Halpern, al referirse específicamente a la capacidad de pensamiento crítico en torno a los asuntos políticos, se señala que pareciera ser que la mayoría de las personas carece de las habilidades necesarias para evaluar la verdad o aproximaciones a la verdad de manera crítica o simplemente no tienen una disposición para buscar esa valoración; incluso con todos los matices de subjetividad que ésta puede presentar.
Lo que hace más evidente la incapacidad de pensamiento crítico tratándose de asuntos políticos, es cuando vemos, de manera indiscriminada, la admiración extrema por personajes políticos. En esos casos, frecuentemente se parte de atribuir a estas personas cualidades o características que están por completo fuera de cualquier condición humana. Desconocen también cualquier intencionalidad negativa, le atribuyen capacidad de interpretación del pensamiento de entes abstractos como el pueblo, les conceden la capacidad de visión de construcción de futuro ideal, como si se tratara de sociedades monolíticas.
Lo mismo ocurre cuando nos encontramos ante oposiciones viscerales y reduccionistas a movimientos o personajes de la política, que buscan reducir la oposición a una confrontación “acrítica”. El problema aumenta en intensidad cuando en entornos de extrema polarización, prevalece esta falta de pensamiento crítico en la discusión y percepción sobre las contiendas o en contraposición de las posiciones políticas. Por un lado, no llevan a cabo una adecuada evaluación de las afirmaciones o propuestas de movimientos o figuras de la política, idealizándolas o satanizándolas, lo que impide analizar los matices positivos o negativos que pueden existir.
De esta manera, en la polarización, el “análisis” de las posturas, ya sea de apoyo o de rechazo, son más emocionales que analíticas.
Desafortunadamente, con frecuencia fenómenos como los señalados devienen posteriormente en procesos pendulares que van a la crítica extrema de lo que antes se consideró inmaculado, terminando girar la visión reduccionista hacia nuevas posturas, sin incorporar jamás, la capacidad de pensamiento crítico.

