Todos los años la gente hace propósitos de año nuevo que al poco tiempo se olvidan. Es curioso pero muchas personas tienen los mismos año tras año: “Ahora sí voy a bajar de peso”; “haré el propósito de dejar de fumar”, o bien “iniciaré con mi ahorro para el retiro”.

La verdad es que, más que propósitos, son simplemente buenos deseos y se quedan en eso, porque no los acompañamos de ningún plan de acción. No decimos qué vamos a hacer para alcanzarlos ni tampoco planteamos una rutina que implique cambiar nuestros hábitos. Por eso no funcionan.

Entonces es tiempo de aprender de nuestras experiencias y cambiar de estrategia. No establecer propósitos, sino metas, objetivos claros, concretos y con un plan de acción. Hay muchas metodologías para ello, pero la que más me gusta es el método SMAART que originalmente creó Peter Drucker, pero que después ha sido enriquecido y perfeccionado por otros especialistas.

SMAART es simplemente el acrónimo con las características que deben cumplir las metas planteadas. Deben ser:

1. Específicas (S = specific); en otras palabras, muy concretas.

2. Medibles (M), lo cual significa que debe haber una forma objetiva de medir el progreso, qué tan cerca o lejos estamos de alcanzarlas.

3. Alcanzables (A), metas realistas, posibles, pero no fáciles. Deben representar un reto.

4. Orientadas a la acción (A = action oriented). Debemos escribirlas de manera activa y nunca pasiva.

5. Orientadas a resultados (R = result oriented). Es decir, nos debemos enfocar en el resultado, en describir claramente lo que queremos conseguir.

6. Temporales (T). Deben tener una fecha de cumplimiento claramente definida.

Un ejemplo de una meta SMAART en lo que se refiere a nuestras finanzas personales puede ser: “para el 30 de abril del 2020 habré pagado mi deuda de 20,000 pesos en mi crédito bancario”.

Claramente es muy específica y concreta. También es medible, ya que menciona una cantidad y puedo ir midiendo cuánto llevo pagado del total. Es alcanzable pero retadora (suponemos que la persona sí puede apretarse el cinturón y destinar 5,000 pesos mensuales para ello). Está orientada a la acción (pagar la deuda) y enfocada en el resultado. También es temporal (hay una fecha definida en la cual deberé lograr ese resultado).

El simple hecho de escribir las metas de esa manera hace mucho más probable que las alcancemos. Sin embargo, no basta con ello. En mi experiencia es fundamental mantener siempre en la mente los objetivos y para ello hay distintas estrategias, desde ponerlos en el espejo que usamos todos los días para arreglarnos, hasta usar aplicaciones que midan su progreso.

Por ejemplo, cuando se trata de objetivos financieros, yo utilizo la metodología You Need a Budget (YNAB) junto con su aplicación móvil, que me permite tener claridad en mi presupuesto, pero también mide el progreso de cada objetivo. Incluso me sugiere cuánto debería aportar cada mes para lograrlos en la fecha definida.

Ahora bien, la metodología SMAART no se limita a cuestiones financieras, sino a cualquier tipo de objetivos en cualquier otro aspecto de nuestra vida. Lo que sí es importante es que sean pocos, realmente importantes, para no perder el enfoque.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com