Las cerca de 50 mutaciones que en su conjunto reúne la variante Ómicron, podrían convertirla en la versión del virus más adecuada para propagar el populismo.

Porque más allá de estar viendo una película de terror que se repite desde que se anunció su existencia, y que en definitiva pone a prueba nuestra capacidad de aprendizaje, los populismos de ambos lados del espectro político se alimentan del descontento y la frustración que detona, para poder crecer y convertirse en la válvula de escape del hartazgo.

La nueva bandera antisistema tendrá los colores del anti-confinamiento y del escepticismo a las vacunas y ondeará con la ira dirigida a la hipocresía de la élite dirigente y a los científicos fríos, calculadores, y alejados de la realidad.

Así es como también mutaron los antisistemas con la pandemia, y lo interesante aquí será ver la frecuencia con la que se izará esta bandera después de que la mezcla conformada por la aparición de Ómicron y el pico de contagios que se estaba experimentando a nivel mundial al iniciar la temporada de frío, hagan que los gobiernos impongan nuevas medidas sobre sus poblaciones. Cómo podrían ser confinamientos más estrictos, cuarentenas obligatorias para los viajeros o los mandatos de vacunación obligatoria que, por lo menos en los casos de Austria y Alemania, podrían entrar en vigor a partir de febrero.

Reacción que no sería ninguna sorpresa, si tomamos en cuenta que en los últimos meses las medidas de los gobiernos de Australia, Alemania, Holanda, Bruselas, Francia, República Checa, y Suiza, fueron capaces de reunir a miles en la calle en señal de protesta y convertirse en carne fresca para los partidos populistas, que buscan capitalizar este enojo para llegar al poder.

Su éxito dependerá del curso que tome la pandemia. No obstante, es importarte resaltar que en países como Suiza, que es un país rico con una economía que no ha sido prácticamente dañada por la pandemia y que tiene un sistema de salud eficiente, estos movimientos comienzan a ganar apoyo y se puede ver en el resultado del referendum del 28 de noviembre con el que el gobierno elevó a nivel de ley la vacunación y las pruebas de COVID-19. Aproximadamente un 38% votó en contra.

En Alemania el partido de extrema derecha AFD, se ha convertido en el principal oponente de las medidas del gobierno ante la pandemia y se pronuncian en contra de la “Coronadictadura.” De hecho, un estudio publicado por la casa encuestadora FORSA muestra que el 50% de las personas que no se han vacunado votaron por ellos.  Fenómeno que se repite en Holanda con el partido Freedom for Democracy que es dirigido por una especie de Trump, en Austria con el partido MFG que se traduce en algo así como partido de los derechos de libertad de la gente, en Chile con el movimiento “Chile Digno”, o el “Anti-vax” en Estados Unidos, entre otros.

Como se puede ver, los partidos populistas han cambiado su eje y han comenzado a centrarse en la pérdida de libertades que ha sido detonada por la pandemia y si a esto se le suma la inflación que se vive en América y Europa, la alza de impuestos y el aumento en el costo de la electricidad, podemos ver que existe un área de oportunidad que podría traducirse, en el inicio de un ciclo de inestabilidad política.

Mientras tanto, queda claro que México les debe parecer el paraíso, sin ninguna estrategia, sin ninguna restricción, y con un zócalo que se llena mientras Ómicron llega.

El último en salir apague la luz.

Twitter: @HenaroStephanie

Stephanie Henaro

Profesora de Geopolítica

El último en salir apague la luz

Analista y comentarista mexicana. Estudió la licenciatura en relaciones internacionales en el Tecnológico de Monterrey CCM y en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences-Po). Cuenta con una especialidad en política exterior rusa por el MGIMO de Moscú y una maestría en Geopolítica, Territorio y Seguridad en la Universidad de King’s College London en Inglaterra.

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