La muerte de Miguel Nazar Haro a los 84 años, ocurrida el jueves pasado en la ciudad de México, abrió de nuevo el debate sobre la impunidad con que poco a poco van terminando su vida los responsables de la guerra sucia en México.

Como todos los debates, en este tema hay controversia. ¿Fue Nazar Haro un eficiente policía secreto que ayudó a defender al sistema político mexicano de sus adversarios más feroces o fue un policía responsable del secuestro, tortura y asesinato de miles de disidentes en el país?

¿Nazar Haro fue el último soldado de la guerra fría, como lo llama el reconocido periodista Raymundo Rivapalacio, o fue un funcionarios de la guerra sucia a quien se le toleró incluso que participara en una banda trasnacional del crimen organizado dedicada al robo de autos?

El modo como planteo las preguntas anticipan mis respuestas. Para mi Nazar Haro fue el prototipo del policía secreto mexicano, frío y sanguinario, responsable del seguimiento, infiltración, de la persecución, secuestro, tortura y asesinato de miles de mexicanos.

Más que ser un simple soldado de la guerra fría, como propone Rivapalacio, Nazar Haro aprovechó el contexto de la guerra fría para armar una temible policía secreta, la Brigada Blanca, con el conocimiento y complacencia de los altos mandos del Estado mexicano.

En el Archivo General de la Nación existe evidencia documental. Se llama Plan de Operaciones Número Uno y se encuentra en el Archivo General de la Nación (Sergio René de Dios Corona, La historia que no pudieron borrar. La guerra sucia en Jalisco, 1970-1985, La Casa del Mago, Guadalajara, 2004).

La Brigada Blanca se creó el 7 de junio de 1976, concebida y dirigida desde un inicio por Miguel Nazar Haro. Su nombre original era Brigada Especial Antiguerrillera (BEA) y se integró por 240 elementos de siete corporaciones: ejército mexicano (policía federal militar y policía judicial militar), Dirección Federal de Seguridad (DFS), Procuraduría General de la República (PGR), Procuraduría de Justicia del Distrito Federal, Dirección General de Policía y Tránsito del Departamento del Distrito Federal, y Procuraduría General de Justicia del Estado de México. Tenía su sede en el Campo Militar Número Uno del Distrito Federal y las instalaciones del Segundo Batallón de Policía Militar se usaron como centros de detención clandestina.

Ahí se encerró y torturó a cientos de personas que padecieron la desaparición forzada y las ejecuciones extrajudiciales.

A pesar de negarlo en público, en privado los gobernantes mexicanos sabían de la existencia y la forma de operar de esta temible policía secreta mexicana.

Aunque en público el presidente José López Portillo negaba la existencia de la Brigada Blanca y de la autorización para poner en práctica una política represiva, en sus memorias sí admitió la existencia de dicha agencia represiva. Se sigue desgranando la Liga Comunista 23 de Septiembre. Casi cada día caen algunos de sus miembros. La brigada creada al efecto y la gente de Durazo están haciendo un buen trabajo , anotó con sangre fría el entonces jefe del Estado mexicano en su diario personal el 12 de junio de 1977 (Sergio Aguayo, La charola. Una historia de los servicios de inteligencia en México, Grijalbo, 2001). Era una época verdaderamente aciaga en términos de represión política.

Algunos achacan el inicio de la guerra sucia al surgimiento de la guerrilla y creen que los grupos armados emergieron por el apoyo del gobierno soviético o por emular al guevarismo imperante en América Latina en los 60´s y 70´s del siglo pasado. Es una postura que considera casi inevitable la constitución de agencias represivas del tipo de la Brigada Blanca para defender al Estado de sus retadores armados.

Quienes interpretan así las cosas olvidan el contexto de antagonismo social y de conflictos sociales que imperaba en el país al declinar la hegemonía priista y al manifestarse en México los efectos de la crisis capitalista mundial de fines de los 60’s.

No se puede olvidar que la guerrilla en Guerrero surge más bien como ejército de autodefensa campesina, o que miles de sujetos (sobre todo jóvenes) que decidieron retar con las armas al Estado venían de un contexto de represión política generalizada y de cerrazón del régimen tras las matanzas de 1968 y de 1971.

Con sus variantes, esa fórmula se repitió en distintos puntos del país.

En Jalisco, por ejemplo, la guerrilla surgió de la represión a grupos estudiantiles que pedían democracia en la Universidad de Guadalajara, entre 1970 y 1973. En lugar de abrirse a la democracia universitaria (ni siquiera se pedía democracia en todo el sistema) el gobierno federal y el estatal y municipal apoyaron y armaron a la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG) para exterminar al Frente Estudiantil Revolucionario (FER), y lo consiguieron. Asesinaron a decenas de estudiantes. Los que quedaron engrosaron tres grupos guerrilleros en la Guadalajara de los 70´s. Y hasta Guadalajara acudió en varias ocasiones Nazar Haro para coordinar los operativos para liquidar a los guerrilleros y a sus organizaciones.

Ese fue Nazar Haro, más que un soldado de la guerra fría, un general de la represión política que exterminó a miles de disidentes del Estado mexicano. Y se le premió con la impunidad.

En lugar de pagar por sus crímenes, los gobiernos federales lo encubrieron y, en secreto, lo reconocieron como un eficaz y frío policía represivo.

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