Aunque en teoría podrían perdurar, las compañías son mortales. Y las que aún viven no siempre están en la misma situación. Por ejemplo, según las listas de la revista Fortune, en 1955 Eastman Kodak fue la empresa número 43 entre las más grandes de Estados Unidos; en 1970 ya estaba en la posición 27; en 1980, en la 30, y en 1990, en la 18. Luego estuvo en los lugares 124 (2000), 153 (2005), 297 (2010) y 327 (2011).

No importa cuál haya sido el tamaño de Eastman Kodak o sus triunfos pasados. Aunque la buena reputación de una empresa o una marca sean activos valiosos, un nuevo rival o un cambio tecnológico pueden transformar las cosas con rapidez.

En un mercado libre, las empresas deben esforzarse continuamente para satisfacer a los consumidores.

Alguna vez Kodak fue un sinónimo de fotografía. Ahora Eastman Kodak tiene problemas serios y Fujifilm, establecida en 1934, prospera (tuvo ingresos por 26,712 millones de dólares en el año fiscal más reciente y 78,862 empleados). En 1984 Fujifilm fue uno de los patrocinadores de los Juegos Olímpicos en Los Ángeles.

La caída de Eastman Kodak tiene muchas causas: la mala suerte, las previsiones inadecuadas, los cambios de estrategia y de ejecutivos, la cultura interna, los avances tecnológicos, las acciones de sus competidores. En un artículo publicado recientemente en The Economist ( The last Kodak moment? , 14 de enero del 2012) se habla del monopolista complaciente .

Antes, Richard N. Foster (McKinsey) y Sarah Kaplan se refirieron a los bloqueos culturales (cultural lock-in) que hacen difícil cambiar las culturas corporativas, incluso frente a amenazas del mercado claras (Creative destruction: Why companies that are built to last underperform the market and how to successfully transform them?, 2001).

Hay explicaciones más generales. En 1911, el economista austriaco Joseph A. Schumpeter publicó en alemán Teoría del desenvolvimiento económico: una investigación sobre ganancias, capital, crédito, interés y ciclo económico, libro traducido al español muchos años después.

En su capítulo IV, La ganancia del empresario , se lee lo siguiente: Pero ahora llega el segundo acto del drama. Se ha roto el encanto y surgen continuamente nuevos negocios bajo el aliciente de la ganancia tentadora. Se lleva a cabo una reorganización completa de la industria, con sus aumentos en la producción, su competencia, la desaparición de los negocios anticuados, despido de obreros, etcétera .

Hace más de 40 años, cuando yo estudiaba la licenciatura en Economía, un profesor nos hizo leer Capitalismo, socialismo y democracia, otra obra del profeta Schumpeter (Editorial Aguilar). El capítulo 7 de ese libro lleva el título de El proceso de la destrucción creadora .

Ahí se afirma: La apertura de nuevos mercados, extranjeros o nacionales, y el desarrollo de la organización de la producción (…) ilustran el mismo proceso de mutación industrial –si se me permite usar esta expresión biológica– que revoluciona incesantemente la estructura económica desde dentro, destruyendo ininterrumpidamente lo antiguo y creando continuamente elementos nuevos. Este proceso de destrucción creadora constituye el dato de hecho esencial del capitalismo. En ella consiste en definitiva el capitalismo y toda empresa capitalista tiene que amoldarse a ella para vivir . Esta obra fue publicada originalmente en inglés en 1942.

Si sobrevive, Kodak será una empresa distinta.

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