El Consejo de Seguridad es el único órgano de la ONU cuyas decisiones de los Estados Miembros tienen un carácter de obligatoriedad.

De aquí la enorme importancia que el secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard esté colocando el tema de la distribución de las vacunas contra la Covid-19 sobre la mesa.

En su primera intervención como miembro del Consejo de Seguridad, el 6 de enero, ya se había referido al tema de la salud como un elemento que asegura la paz.

Después de un año de asentamiento de la pandemia a nivel mundial, la esperanza de la vacunación está condicionada a la producción y a la logística, pero sobre todo, al poder adquisitivo de los países y la nacionalidad de las farmacéuticas que producen dosis contra el Covid-19.

Ahora nos damos cuenta que la cobija no alcanza para cubrir a todos. México no es la excepción. En enero atestiguamos la tensión entre la Unión Europea y Reino Unido, y no solo por el Brexit, que llegó por fortuna a un final pactado donde la frontera comunitaria inicia en la limitación de Irlanda del Norte con el resto del Reino Unido, permitiendo la vigencia del acuerdo del Viernes Santo entre las dos Irlandas, sino por la disputa de la vacuna Oxford AstraSeneca.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha revelado que 10 países concentran el 75% de las dosis de vacunas, y el resto del mundo nos tenemos que conformar con el 25 por ciento. Su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus ha comentado: “Las vacunas contra la Covid-19 se están administrando en 50 países de todo el mundo, casi todos ellos naciones ricas”. Así lo dijo el 27 de enero durante el debate sobre las consideraciones prácticas de la vacuna.

El canciller Ebrard agarró el guante, y en concordancia con la OMS, el 17 de febrero llamó a respetar la resolución 74/274 de la Asamblea General de la ONU, en la que se llama a fortalecer las cadenas de suministros para garantizar el acceso universal de la vacuna. Lo hizo en calidad de presidente de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Preocupan sus palabras relativas a la insuficiencia de resultados del mecanismo Covax (Fondo de Acceso Global para vacunas Covid-19 impulsado por la OMS, la Comisión Europea y el gobierno de Francia), ya que se trata del único instrumento multilateral para garantizar el acceso universal a la vacuna.

Esta semana, el canciller Ebrard ilustró durante la conferencia de prensa conjunta entre los presidentes de México y Argentina, la poca eficiencia que ha tenido el mecanismo Covax, ya que no ha entregado hasta ahora “ni una sola vacuna”. Reveló que el gobierno de México firmó un contrato para adquirir 51.5 millones de dosis a través de Covax para vacunar a 25.75 millones de mexicanos.

Ha quedado claro, después de varias olas de la pandemia, que el principal objetivo de todos los países en el tema sanitario es la vacunación total de sus respectivas poblaciones.

Israel es un país que va muy adelantado en este objetivo: se acerca al 50% de la población. En promedio, ha vacunado a 200,000 personas por día. Pero en la mayoría de las naciones no ha llegado la vacuna.

Otros gobiernos han utilizado la vacuna como parte de su poder suave para poder abrir negociaciones de múltiples temas con diversos países.

Se cumple un año desde que la OMS declaró la pandemia y todavía no sabemos con certeza cómo vamos a salir de las múltiples crisis.

Un estudio del FMI proyecta un escenario preocupante para el verano del 2022, momento en el que supuestamente se encuentre vacunada la mayor parte de la población global. Habría disturbios en muchas partes del mundo debido a la crisis económica que ya está azotando.

Ojalá que el problema de la vacunación no sea el preámbulo.