El Estado mexicano tiene mucho que hacer contra el auge del odio, la xenofobia y el racismo, que tan brutalmente generaron la mayor masacre contra la comunidad latina en Estados Unidos el pasado 3 de agosto.

Aunque el actual gobierno del presidente López Obrador sostenga que la mejor política exterior es la interior, el aislamiento es aliado del prejuicio que germina en el localismo.

La Universidad de California en San Diego convocó, a principios de este mes, a través del Centro de Estudios México-Estados Unidos y la Embajada norteamericana, a mexicanos de distintos perfiles para promover la comunicación entre los dos países en un momento en que la retórica racista, xenófoba y con perjuicios supremacistas obnubilan la comprehensión bilateral. Asistieron asesores legislativos, integrantes de la sociedad civil, funcionarios de la cancillería e incluso dos diputadas del PAN.

El objetivo del evento fue motivar el acercamiento entre actores que inciden en el desarrollo de políticas públicas en materia binacional desde una mirada política, social y geográfica sin la distorsión del estigma y la discriminación.

Parece simple, no lo es. La relación entre México y Estados Unidos cruza por temas migratorios, tratados comerciales, economía, drogas, tráfico de armas y una lista larga de asuntos que nos llevan a sostener una relación codependiente.

Por un lado, queremos distanciarnos, y por otro, simplemente encontramos que son demasiados los vínculos que nos unen. Siendo así, lo más sano es conocernos a fondo para poder generar mecanismos de comunicación asertiva y aceptar que tenemos que jalar juntos.

Toda historia entre México y EU previo a 1994 fue un intento fallido de imposiciones; ellos pedían y nosotros respondíamos a medias con nuestro tradicional “ahorita”.

Ante la firma del TLC en 1994 pudimos dar el primer paso para desarrollar mecanismos de colaboración en todas las agendas. Rompimos la “vecinocracia” para convertirnos en roommates.

A diferencia de lo que ocurrió en el pasado, hoy ninguna fuerza política en México cuestiona el TLC, ni siquiera al calor de la crítica del nuevo gobierno en contra el neoliberalismo.

México debe adentrarse en territorio estadounidense. Hoy, el presidente Trump ambiciona e impulsa el qué y cómo debe ser el quehacer del Estado Mexicano, mientras su homólogo Andrés Manuel López Obrador recuerda que su política exterior será siempre: “respetando la autonomía de otros países”.

Fomentar la participación entre ambos países ha sido un gran logro, pero hablar de la cooperación es imprescindible tanto para el desarrollo individual como de la región.

En efecto, el Estado mexicano tiene mucho que hacer contra el racismo.

Construyamos puentes y no muros.

@natushuren