Nuestro uso de los recursos finitos del planeta está creciendo de manera exponencial, junto con nuestra capacidad técnica para cambiar el medio ambiente para bien o para mal

Stephen Hawking, astrofísico y divulgador científico británico

En las últimas décadas, pero con particular énfasis en los últimos años, se ha hecho evidente el efecto devastador que tiene, tanto para el planeta como para la vida cotidiana de las personas, el uso indiscriminado e irracional de los recursos naturales.

Ya sea en temas como el calentamiento global, la sobreexplotación de los recursos pesqueros, la tala inmoderada de bosques, el uso y contaminación de aguas pluviales, entre otros muchos temas, se genera esta discusión, en la que, por un lado, se trata de establecer cuál es el deterioro de los años irreversibles inmediatos que se enfrenta y cómo resolverlo y, por el otro, una aparente ceguera en reconocer y atender estos temas, ya sea por desconocimiento o incluso de la negación de los datos científicos existentes o por una visión netamente utilitarista y de corto plazo, que no muestra mayor preocupación por el futuro.

Estos temas se abordan desde diferentes perspectivas: ya sea de la eliminación de la actividad que provoca el deterioro ambiental, o la de mitigación progresiva de las actividades que las generan o, en otros casos, de la incorporación de avances tecnológicos que permitan, sumados a un factor de mitigación, corregir los efectos negativos de la actividad humana.

Por ejemplo, cuando se trata del tema de las emisiones de carbono en el mundo, es fundamental entender que la visión de eliminar radicalmente la huella de carbono en el corto plazo es poco realista. Lo más adecuado (y posible) es buscar mitigar las emisiones, acompañados de una perspectiva de generación de energías alternativas, sumada a la inversión en tecnologías que permitan capturar el carbono de la atmósfera y reducir sus efectos dañinos sobre el planeta.

Pero más allá de eso, es importante también reconocer cuáles son las conductas que están detrás de la visualización que se tiene, de personas o grupos, respecto del uso de los recursos naturales.

En el estudio I Feel It Is mine! Psychological Ownership In Relation To Natural Resources, de Matilainen, Pohja-Mykra, Lahdesmaki y Kurki, se trata de analizar los conflictos y disputas que se presentan cuando distintos grupos de interés compiten por el uso o aprovechamiento de recursos naturales, lo que frecuentemente conlleva a confrontaciones.

El estudio plantea el concepto de “propiedad psicológica”, definido como el estado en que las personas perciben qué objetos, entidades, ideas o, en este caso, recursos naturales son de su propiedad.

Tratándose de recursos naturales, el concepto de “propiedad psicológica” se hace relevante, porque con frecuencia encontramos esta visión en comunidades que, por ejemplo, tienden a explotar los recursos naturales de forma indiscriminada, partiendo de que su origen o cercanía con los recursos en esa comunidad les dan un derecho de propiedad intrínseco, que consideran que les debería permitir el aprovechamiento de dichos recursos. Por el otro lado, ciertos grupos ambientalistas tienen una percepción de “propiedad psicológica”, en la que, de manera más global, perciben que estos bienes rebasan el concepto de una propiedad grupal o comunitaria y por lo tanto perciben un derecho de propiedad más amplia hacia la naturaleza o hacia la sociedad en general.

La importancia de este concepto es que explica por qué la discusión entre la explotación o preservación racional de ciertos recursos naturales no se resuelve típicamente por vías de un análisis racional, ya que los grupos en conflicto se confieren derechos de propiedad psicológica sobre los bienes.

A ello se suman condiciones específicas que en algunas ocasiones pueden ser atribuidas a factores de desigualdad que incentivan a que ciertas comunidades sobreexploten los recursos naturales.

En otros casos, se trata simplemente de una visión cortoplacista (por ejemplo, en el caso de las pesquerías asiáticas), que simplemente buscan maximizar el retorno de corto plazo, sin importar los efectos negativos de mediano y largo plazo.

El tema de la preservación del ambiente y de los medios adecuados para mitigar y revertir daños al mismo es poco probable que se resuelva simplemente bajo la premisa de provocar un cambio en la conducta de las personas, de los consumidores o de quienes explotan indiscriminadamente ciertos recursos naturales.

Es fundamental entender que se requiere la comprensión de las conductas de fondo y de los factores económicos que motivan la explotación indiscriminada de los recursos, sumadas a cambios normativos que, de manera efectiva, permitan mitigar y disminuir gradualmente los efectos negativos de la actividad humana, apoyándose invariablemente, además, en el avance tecnológico que permita contribuir a revertir, de madera más acelerada, los cambios en la naturaleza que, de otro modo, terminarán por afectar la calidad de vida de todas las personas en el planeta.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en Economía Conductual y profesor en la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y presidente del Consejo para el Fomento de Fondo de Ahorro Educativo de Mexicana de Becas. Síguelo en Twitter: @martinezsolares

RaúlMartínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

Síguelo en Twitter: @martinezsolares