A tiempos de emergencia, soluciones sorpresivas.

El presidente de Francia Emmanuel Macron decidió subrogar la logística de la campaña de vacunación contra la Covid-19 a la firma McKinsey.

Los presidentes y jefes de Estados de una parte importante del mundo están contra las cuerdas. La ausencia de planes estratégicos los sorprendió a contrapié frente a la pandemia que nunca se imaginaron; el reloj de cada país se ha parado desde marzo del año pasado y su liberación depende de cada líder.

Existen presidentes que negaron los efectos de la pandemia y perdieron su chamba (a través de elecciones) como es el caso de Trump. Otros presumen su ignorancia como es el caso de Bolsonaro. En el caso de Macron, su trayectoria laboral le hace confiar en firmas privadas como McKinsey, para trabajar juntos frente a la peor crisis sanitaria en 100 años.

Olivier Véran, ministro de Sanidad del gobierno francés compareció el 12 de enero ante el Comité de Asuntos Sociales de la Asamblea. La estrategia de vacunación se convirtió en el tema central durante la sesión. El diputado socialista Boris Vallaud lanzó lo que Véran se imaginó que le iban a formular: “¿Por qué tuviste que recurrir a McKinsey?”

Adrien Quatennens, del partido radical de izquierda Francia Insumisa, recurrió al juego retórico para arrinconar al funcionario: “¿No tenemos dentro del aparato estatal una red de logística competente?” (Le Magazine, Le Monde 5 de febrero.)

Véran explicó a los diputados la labor de McKinsey. Se encarga de definir el marco logístico, el benchmarking respecto a los preocesos de vacunación que están haciendo otros países y la operación en territorio francés.

El ministro de Sanidad explicó que McKinsey no está sustituyendo las actividades de las instituciones del Estado, “sí las apoya con información, datos y estrategias”, explicó.

La visión política sobre la crisis sanitaria retrata la estatura de los políticos. Adrien Quatennen formuló una pregunta que no refleja la realidad de Francia donde han fallecido 78,965 personas como consecuencia de la pandemia. Creer que las soluciones de Estado no requieren del apoyo de empresas privadas es un pensamiento aspiracional e idílico.

James McKinsey fundó en la década de 1920 la que sería una de las consultorías más prestigiosas del mundo: McKinsey&Company.

En 2019 facturó 10,000 millones de dólares según la revista Forbes.

El valor de su marca se alimenta de esnobismo, pero también de prestigio. McKinsey tiene ubicadas sus oficinas en un edificio moderno de Champs-Élysées sobre un atractivo centro comercial.

McKinsey no es la única empresa que es contratada por el gobierno de Macron para paliar la crisis sanitaria. La empresa Accenture se encarga de diseñar un sistema de información que auxilia a la red sanitaria del país y las empresas Citwell y JLL aportan información para optimizar la distribución de vacunas.

Le Monde revela que McKinsey ha desarrollado ideas sobre el transporte de vacunas a la empresa alemana DHL.

La indolencia es reflejo de la politiquería. El partido Francia Insumisa critica que el gobierno pague 2 millones de euros mensuales (Le Point) a McKinsey por su trabajo. Si con las aportaciones de McKinsey se logra optimizar la campaña de vacunación y con ella se disminuye el número de muertos, habrá valido la pena y nadie hablará de los 2 millones de euros.

El problema de politizar la pandemia es el costo en vidas. Muchos gobiernos no quieren reconocer la debilidad de sus sistemas de salud estatales; piensan que no hablar sobre el tema representa la inexistencia de problemas. La realidad es otra. El impacto de las crisis sanitaria y económica obliga a los gobernantes a echar mano de donde sea.

McKinsey, tenemos un problema.

Twitter: @faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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