Los primeros acordes de “Get It On (Bang a Gong)”, “Children of the Revolution”, “Metal Guru” o “Telegram Sam” de T. Rex no son musicalmente muy profundos y no necesitan serlo. Aquí no encontrarás una escala esotérica, figuras rítmicas complejas o arreglos innecesarios, salvo esos riffs que puedes repetir, una y otra vez, en tu cabeza. Son canciones que se han convertido en himnos transgeneracionales hechos para la fiesta y para acompañar nuestras noches de desenfreno. Las sinfonías pop de Marc Bolan mezclaban una dosis de guitarras sucias medio bluseras, un potente shot de sexualidad y androginia con un sonido cadencioso, que con su carismática interpretación se volvía un espectáculo fascinante. Estas canciones son el epítome del glam rock, una catarsis sexual, provocadora, liberadora y con mucha brillantina que representan esos decadentes años setenta.

Marc Bolan nunca recibió la misma atención que sus contemporáneos. Jamás recibió el reconocimiento ni los galardones de David Bowie, Roxy Music o Brian Eno. Los biógrafos del pop no se han volcado a desmenuzar obsesivamente su vida y obra musical, no como lo han hecho con Lennon y McCartney, Jagger y Richards o el propio Bowie, a quienes se le siguen dedicando extensas disertaciones. Pero Bolan sigue estando ahí en un pequeño lugar especial. Su carisma musical ha sido largamente imitado, pero jamás superado. Sus composiciones de principios de la década de los setenta, sobre todo en los discos Electric Warrior y The Slider, sirvieron como inspiración para muchos adolescentes al tomar por primera vez un instrumento. Su música ha sido reinterpretada por Bauhaus, Violent Femmes y Ministry y ha acompañado escenas en películas como Baby Driver, Billy Elliott o Velvet Goldmine. 43 años después de su trágica muerte, la música de Marc Bolan y T. Rex sigue acompañándonos y despertando una devoción única.

Angelheaded Hipster se concibió como un homenaje para recordar a la estrella fugaz que fue Marc Bolan y la música que nos dejó en este plano terrenal antes de morir en un accidente automovilístico el 16 de septiembre de 1977. Sin embargo, en el camino este álbum también se convirtió en un tributo para su productor, Hal Willner, quien murió en abril pasado víctima del coronavirus en la ciudad de Nueva York, un día después de cumplir 64 años.

Willner trabajó desde 1980 como supervisor musical en el programa de televisión Saturday Night Live y fue uno de los productores musicales más interesantes de las últimas décadas, habiendo colaborado con artistas como Lou Reed, Laurie Anderson, Metallica, Sonic Youth, Los Lobos, Marianne Faithfull, Hole, Ute Lemper y Lucinda Wiliams; curando conciertos con la música de Leonard Cohen, Kurt Weill, Charles Mingus o reviviendo la música de Carl Stalling (el compositor de música de dibujos animados).

En Angelheaded Hipster, Willner logró reunir a una serie de artistas de todo el espectro musical, desde Kesha, Gaby Moreno, Joan Jett, Devendra Banhart, pasando por nombres como Nick Cave, U2 con Elton John, Perry Farrell (Jane’s Addiction), Marc Almond (Soft Cell), Beth Orton, Emily Haines (Metric), Lucinda Williams, Todd Rundgren con Donald Fagen (de Steely Dan), hasta Sean Lennon o David Johansen (de los New York Dolls). El gran reto de este homenaje a Bolan es encontrar nuevas maneras de explorar la música que el británico compuso en casi una década de carrera musical.

“Lo que dejó Bolan”, escribe el periodista y crítico cultural Simon Reynolds en su libro Shock And Awe: Glam Rock and It’s Legacy, from the Seventies to the Twenty-first Century, “no fue tanto una obra artística tan sustancial (composiciones, canciones para las edades) como un cuerpo núbil de actuaciones. Las canciones no se pueden coverear tan fácilmente porque mucho dependían de la personalidad y presencia de Bolan”.

Con la muerte de Willner en abril pasado, Angelheaded Hipster se convirtió en un álbum que no sólo celebra la música de Marc Bolan, quien este año será inducido al Salón de la Fama del Rock, también celebra el eclecticismo musical de su productor, Hal Willner. Angelheaded Hipster nos ofrece la posibilidad de reexplorar los versos que nos dejó Marc Bolan, sus coros angelicales y sus armonías que seguimos cantando como los hijos de la revolución en los que nos convertimos y que hoy somos gracias a T. Rex.

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Antonio Becerril

Coordinador de operaciones de El Economista en línea