El gran compositor Armando Manzanero fue un adversario acérrimo de la música gratis en Internet. Como presidente de la poderosa Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM), fue un activo promotor de los derechos de autor y de iniciativas de ley partidarias de controlar la distribución en línea, afectando otros derechos como el de acceso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).

Nada personal. Logró que los hoteles de México pagaran regalías por el uso de canciones; consiguió el cierre de sitios digitales que distribuían música sin permiso; licenció el catálogo de la SACM a Grupo Carso; renovó contratos con las plataformas YouTube, Tidal, StarMarker, Soundtrack, Muvo, Dizzer y Google Play y destruyó más de 20 millones de copias apócrifas de fonogramas.

Hoy. A pesar de su animadversión por lo digital y la distribución libre en línea, en palabras del propio Manzanero, “el mayor recaudador en plataformas, a nivel mundial, es México”. Los ingresos en 2019 de la industria de la música grabada en el país fueron de 180.8 millones de dólares, un crecimiento de 17.1%. El streaming aportó 86.2% de los ingresos y el físico sólo 5.8% (Amprofon).

Todavía. Manzanero decía que “lo más difícil es cobrar y lo peor es pagar”. La SACM tiene un ejército de representantes que recorren el país para escuchar la música del catálogo y cobrar regalías, por ejemplo, en restaurantes.

Adoro. Y es que la Ley Federal de Derechos de Autor dice que el derecho intangible de autor es irrenunciable, como lo es su derecho a percibir una remuneración por el uso o explotación de sus interpretaciones con fines de lucro directo o indirecto, por cualquier medio, comunicación pública o puesta a disposición. Aquí es donde las cosas cambian.

Te faltó valor. Cada vez más artistas colocan gratuitamente su música en Internet como una estrategia para comercializar conciertos, mercancías, licencias y otros artículos por los cuales los consumidores sí están dispuestos a pagar, pero no por la música. Previamente, la radio fue aceptada como una estrategia de mercadotecnia para artistas que ganarían dinero vendiendo discos y ofreciendo conciertos.

Nos hizo falta tiempo. La industria del fonograma fue la primera en enfrentarse a la disrupción de las tecnologías digitales. Por ser pionera en conocer cómo las TIC transformaron la producción, distribución y consumo de la música, no supo enfrentar el desafío y se declaró en guerra contra Internet. Las discográficas estaban desesperadas por la irrupción de un sinfín de servicios pirata como Napster, Grokster, Gnutella o Kazaa.

Voy a apagar la luz. El costo de distribución de la música en Internet es prácticamente cero debido a tres factores tecnológicos: la capacidad de procesamiento de cómputo, un mayor ancho de banda que permite compartir archivos entre usuarios y ahora reproducir en línea (streaming), y un mayor almacenamiento en la nube también a costos muy bajos. Estas ventajas tecnológicas irreversibles permiten que la música gratis llegue a más aficionados dispuestos a pagar por versiones premium y conciertos que enriquezcan su experiencia. 

No sé tú. Walter Isascsson narra en la biografía de Steve Jobs que representantes de Warner Music y Sony acudieron en 2002 con el fundador de Apple para entender la perfecta integración entre el iPod, el software de iTunes y la computadora en la gestión de la música. Los representantes de las grandes disqueras terminaron por confesar: “No sabemos qué hacer. Necesitamos que nos ayudes a averiguarlo”.

Antes de, después de. Jobs encontró que la mejor forma de detener la piratería consistía en ofrecer una alternativa legal y de calidad más atractiva que el disco, los sitios en línea, los archivos defectuosos y los servicios de suscripción que estaban preparando las discográficas para seguir cobrando. Jobs declaró a Esquire: “Creemos que 80% de la gente que roba la música no quiere hacerlo en realidad, pero no se les ofrece una alternativa legal.”

Otra vez. La propuesta de Jobs fue vender cada canción (y no álbumes completos como las discográficas) por 99 centavos de dólar. Las compañías dueñas de los derechos de autor reciben 70 centavos por cada canción vendida. Posteriormente llegaría Spotify, que ofrece acceso gratuito a la música; su modelo de negocio son suscripciones que mejoran la experiencia del usuario y le permiten escuchar su música desde el smartphone sin el consumo de su plan de datos. 

Llévatela. El pirata no piensa que se esté apropiando de un derecho que le pertenece al autor o a la empresa, sino que lo está reproduciendo. Considera que los titulares de derechos patrimoniales no sufren una pérdida sino una merma de beneficios.

Contigo aprendí. Con la distribución gratuita en línea las discográficas entraron en las cinco etapas del duelo de la psiquiatra Elisabeth Kubler-Ross: negación de la realidad, del costo cero de distribución en Internet, que los usuarios intercambian archivos de música gratis y de que no están dispuestos a pagar por ella. Ira y hostilidad contra los sitios en Internet ante la evidencia de la derrota del modelo de negocio y el crecimiento exponencial de la piratería. Negociación y enfrentamiento con los hechos pero sin comprender el fenómeno digital. Depresión porque la adaptación al entorno digital no genera rápidamente los ingresos esperados. Aceptación y participación en la industria de la música digital con grandes beneficios.

Somos novios. El Global Music Report 2019 de IFPI reportó que en 2019 los ingresos del mercado mundial de música grabada crecieron 8.2% a 20,200 millones de dólares. Los ingresos por streaming crecieron 22.9% a 11,400 mdd. Por primera vez representaron más de la mitad (56.1%) de los ingresos mundiales por música grabada. Por quinto año consecutivo, América Latina fue la región de más rápido crecimiento (18,9%) con sus tres mercados más grandes: Brasil (13.1%), México (17.1%) y Argentina (40.9%). “No sé tú, pero yo no dejo de pensar” que Internet tuvo razón una vez más...

*El autor es presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi).

Twitter: @beltmondi

Jorge Bravo

Presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi)

En comunicación

Analista de medios y telecomunicaciones y académico de la UNAM. Estudia los medios de comunicación, las nuevas tecnologías, las telecomunicaciones, la comunicación política y el periodismo. Es autor del libro El presidencialismo mediático. Medios y poder durante el gobierno de Vicente Fox.

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