Necesitamos inversión, venga de donde venga, para generar empleos productivos. Requisitos: estabilidad económica (crecimiento uniforme, baja inflación), certidumbre (para todos, reglas del juego conocidas y permanentes), seguridad jurídica (cumplimiento de ley y de contratos, respeto a la propiedad privada) y absoluto predominio de un ambiente de honradez. Todo eso produce confianza. Las naciones que atraen capital son las que inspiran confianza, cimiento de progreso sostenido que aumenta el bienestar de la gente. Otros ingredientes también son indispensables, como la educación, bien pensada, organizada e impartida ha de conducir al civismo y la solidaridad a la disposición de ánimo para trabajar y a desterrar las formas de agresión que hoy se multiplican: basura, machismo, violencia, ventajismo, vulgaridad pendenciera y proliferación del naco, del zafio, en todas las clases sociales.

Cada vez hay grupos mejor organizados para delinquir impunemente, para exigir por la fuerza y para burlarse del Estado de Derecho, concepto que ya debe escribirse con minúsculas. Se refuerza la tendencia a dar patente de corso a las acciones ilegales y levantiscas. La autoridad no ejercida se vuelve ilegítima al incumplir su función, que es la que le da existencia y sentido. El ritmo se acelera, sí, pero en la trayectoria de degradación cultural, civil y menor avenencia entre sectores, al contrario, mayor intransigencia, de modo que los grupos están cada vez más distantes unos de otros. La demagogia lacera. El empresario y comerciante alemán, Carl Christian Becher, escribió en 1831, tiempos de Gómez Pedraza, Santa Anna y Gómez Farías, que en México ocurría un cambio total de principios y que por ello nos aguardaba, en breve, un hermoso y gran futuro. Cambio , la palabra más usada por nuestros políticos desde aquella época hasta el presente. ¿Se la copiarían a Becher?

Batallar por lo que queremos ser. Por menos gobierno y su injerencia y por multiplicar la actividad de los particulares. Por el surgimiento de cada vez más organizaciones intermedias que busquen enderezar el camino zigzagueante de los burócratas gubernamentales. Estamos a favor de cualquier iniciativa solidaria en pro de pobres y marginados. Con ejemplo personal, por mostrar que los mexicanos somos capaces de llevar a buen término los proyectos.

Luchar por lo más importante: las antiguas corrupción e injusticia social permanecen y, tarde o temprano, los mexicanos debemos acometer la empresa insoslayable de erradicar la primera y remediar la segunda.