(segunda y última parte)

Una vez que hemos hecho una introspección y hemos encontrado, dentro de nosotros, lo que es más importante y la motivación para cambiar, podemos establecer metas claras y concretas, con un plan de acción. Pero hay que definirlas de una manera adecuada.

No basta con decir: “mi meta es ahorrar más para mi retiro”. Esto se parece más a un propósito, a un deseo, pero no a una meta. ¿Qué significa ahorrar más?, ¿cómo sabemos si la estamos cumpliendo o no? 

Pero en cambio, si decimos: “para el 10 de enero del 2021 voy a configurar un ahorro automático quincenal de 500 pesos a mi afore, que serán tomados automáticamente de mi cuenta de nómina los días 15 y 30 de cada mes”. Eso es mucho más específico. Cuando planteamos un objetivo de esta manera, sabemos exactamente qué hacer y también podemos medir nuestros resultados, si vamos bien o no. 

Debemos acostumbrarnos a plantear nuestros objetivos de esta manera. La metodología se llama SMAART, nombre que es un acrónimo de las características que deben tener las metas que planeamos. Fue desarrollada originalmente por Peter Drucker y ha sido enriquecida por muchos otros especialistas. Así, las metas deben ser: 

  • Específicas (S) – muy concretas.
  • Medibles (M) – cuantificadas, para saber exactamente si estamos cerca o lejos de cumplirlas.
  • Alcanzables (A) – las metas deben ser realistas, pero a la vez retadoras. No demasiado fáciles, tampoco muy ambiciosas.
  • Orientadas a la acción (A) – se deben plantear de manera activa, no pasiva.
  • Orientadas a resultados (R) – deben describir exactamente cuál es el resultado que queremos conseguir.
  • Temporales (T) – deben tener una fecha límite clara de cuándo tenemos que haber alcanzado ese objetivo.

Un ejemplo de una meta planteada de esta manera es: “para el 15 de junio del 2021 habré pagado mi deuda de 12,000 pesos en mi tarjeta de crédito”. Si la analizamos nos daremos cuenta que es muy específica y concreta. Es medible (menciona una cantidad y es fácil saber cómo vamos). Está orientada a la acción (pagar esa deuda) y enfocada al resultado. También es temporal (tiene una fecha límite, definida).

¿Es alcanzable? Eso sólo lo puede saber la persona que está definiéndola. Para lograrla tendrá que destinar al menos 2,000 pesos mensuales al pago de esa deuda (más los intereses que generen).

A partir de ahora, acostumbrémonos a definir nuestras metas de esta manera. El simple hecho de hacerlo así, hace mucho más probable que logremos alcanzarlas.

Hay un aspecto adicional que me gustaría mencionar y se trata de la progresividad en el establecimiento de metas. A veces es mejor hacer pequeños pasos, pero constantes. Romper metas grandes y ambiciosas, en pedazos pequeños y mucho más manejables. ¿Crees que ahorrar 15% de tus ingresos para el retiro es imposible? Empieza entonces con algo pequeño, aunque sea sólo 1%, pero hazlo. Cuando lo logres y veas que es fácil, sube a 2% de tu ingreso. Empezar poco a poco puede hacer una gran diferencia en el futuro.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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