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Los mojados españoles, al estilo de los migrantes mexicanos
Las estadísticas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos no fallan. México siempre aparece entre los países miembros con mayor número de trabajadores ocupados y España invariablemente está en el último lugar.
Nuestro país no es ningún paraíso del pleno empleo y España está apenas en ese proceso de explotación de las fuentes alternativas de encontrar ocupación para su gente.
Los dos secretos de la tasa de desocupación mexicana de 5% son la emigración y el subempleo, actividades productivas, ambas, que están lejos de ser las ideales, pero que ayudan a paliar los efectos sociales de las crisis económicas.
Al pie de la escalera de uno de los hoteles más tradicionales de Londres está Manuel Puentes, el portero, ataviado en un frac de casimir y un sombrero de copa alta que recibe a los huéspedes con una gran sonrisa.
Manuel es sevillano, lleva un año en Londres. Llegó desde Madrid, donde era Director de Finanzas de un hotel. Trabajaba en España 16 horas al día por un salario mínimo, inferior al que ahora obtiene como portero de un hotel en Londres. Manuel tiene maestría en Administración Turística y hoy abre una puerta.
Platiqué con él y conocí su historia. Pero como la suya hay miles. En ese mismo hotel hay dos españoles en la recepción, otro más en el restaurante y otros tantos en servicios generales. Y así ocurre en otros hoteles, cafeterías, restaurantes y servicios diversos de Londres. Pero también de Berlín, París, Copenhague, Helsinki y Gotemburgo, entre muchas otras ciudades europeas que enfrentan el mismo fenómeno: el de la migración española.
Europa es un mercado natural para los mejor preparados. Los bilingües o políglotas tienen oportunidades, de entrada, en el sector de servicios. Si tienen especialidades demandadas, como médicos o enfermeros que acompañen a sus habilidades lingüísticas, les podrá resultar más fácil encontrar trabajo en el continente. El pasaporte comunitario les facilita todo.
Otros han hecho lo que la generación de nuestros abuelos: buscar suerte en América Latina, donde son generalmente recibidos con más hospitalidad y menos desprecio que el que los propios españoles solían mostrar a los inmigrantes sudamericanos.
En México, sabemos los efectos y las consecuencias de este tipo de circunstancias. En el restaurante, el hotel o la cafetería de Nueva York, el que nos atenderá seguramente será mexicano o con ese origen.
Un fenómeno económico da paso a una complicación social, en la que las familias se desintegran y el país pierde una importante fuerza laboral por una condición económica. Lo que ocurre actualmente con España tiene una complicación adicional: son muy numerosos los españoles que salen de su país, que cuentan con una preparación escolarizada importante que ha costado al Estado y que habrán de gozar en otros países.
Son este tipo de circunstancias las que marcan el futuro de una economía, más allá de los ciclos económicos. La gráfica que muestre el paso de la recesión a la recuperación podrá retratar un paso de unos cuantos años, pero el daño social es generacional y como en el caso mexicano, irreversible.