Los diputados del PVEM y algunos de Morena proponen que se aplique la pena de muerte a quienes un juez declare culpables de perpetrar los delitos de homicidio doloso, feminicidio o violación.

No es la primera vez que los verdes lo hacen y cada vez su propuesta ha sido desechada por el Poder Legislativo federal.

Ayer, el presidente Andrés Manuel López Obrador opinó al respecto: “Yo no creo en la pena de muerte. No creo que sea una alternativa. Creo en el ser humano, considero que no es una solución lo de la pena de muerte”.

Y tiene razón AMLO, porque, aparte del salvajismo que muestra un Estado que mata a un ser humano, diversos estudios demuestran que la pena de muerte no contribuye a que disminuyan las tasas de los homicidios dolosos y demás delitos que causan un grave daño físico o emocional a una persona.

Uno de estos estudios comparó las tasas de homicidios dolosos entre entidades de los Estados Unidos que aplican la pena capital y aquellas en donde no se aplica. Desde 1990 la tasa ha sido más alta, sin excepción alguna, en los estados donde sí se aplica. En el 2018, que es el año de la comparación más reciente, la tasa de homicidios promedio en los estados que ejecutan a los delincuentes fue de 5.3, mientras en los estados que no lo hacen fue de 4.1, menor en 22.6 por ciento.

Otro estudio señala cómo la tasa de homicidios en Canadá ha descendido constantemente desde que en 1976 se abolió la pena de muerte. La tasa, que en 1977 llegó a 3.0 después de ir aumentando casi ininterrumpidamente desde 1968, empezó a descender al dejarse de aplicarse la pena capital, y hoy es de 1.76, menor en 41.3 por ciento.

En el número 99-2 (Enero 1, 1990) del Journal of Criminal Law and Criminology, apareció un artículo titulado “Do Executions Lower Homicide Rates?: The Views of Leading Criminologists” (“¿Reducen las ejecuciones las tasas de homicidios?: las opiniones de los principales criminólogos”). Sus autores, ambos académicos de la Universidad de Colorado, Boulder, demostraron las fallas metodológicas de diversos estudios que supuestamente prueban el poder disuasivo de la pena de muerte. Además, una encuesta que realizaron entre los 76 criminólogos más prestigiados del mundo señaló que 88.2% de ellos opinaba que la pena capital no contribuye a disminuir las tasas de homicidio, que 5.3% sí cree que contribuya, mientras que 6.6% no emitió opinión al respecto.

En julio del 2014, el sociólogo y politólogo Dan Brook escribió en commondreams.org que “La pena de muerte es totalitaria. No quiero que maten a nadie en mi nombre, en nuestro nombre. Cuando el gobierno procesa, condena y ejecuta a los acusados, nosotros somos el demandante. El rabino Abraham Joshua Heschel dijo que en una democracia no todos tienen la culpa, pero todos son responsables y los ciudadanos somos corresponsables del asesinato de nuestros conciudadanos sancionado por el Estado”. Estoy totalmente de acuerdo.

Con tal de ganar popularidad explotando el dolor de las víctimas de violadores y el de los familiares de personas asesinadas, los legisladores verdes y quienes los apoyan quieren que México, un país de por sí violento, se asemeje más a China, Corea del Norte, Arabia Saudita, Irán, Irak, Yemen y Estados Unidos.

Digamos no a la pena de muerte.

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Eduardo Ruiz-Healy

Periodista y productor

Columna invitada

Opinador, columnista, conferencista, media trainer, 35 años de experiencia en medios de comunicación, microempresario.

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