Muchas calorías y un peso barato.

La hamburguesa más famosa del mundo aporta 570 kilocalorías, sin tomar en cuenta las papas y el refresco. Lo anterior hace de este alimento uno no muy recomendable para el consumo diario porque, además, el contenido de sodio y grasas es muy alto. Una de vez en cuando no cae mal.

Pero, en términos de economía, la Big Mac de McDonald’s se convierte en una referencia mundial porque esta hamburguesa es popular en prácticamente todo el mundo.

El dólar de Estados Unidos podría ser el producto más popular del mundo, pero su curso legal se limita a ese país y alguna que otra nación que lo toma como propio, pero la gran mayoría tiene su propia moneda local, que encuentra una tasa de cambio con respecto a otros instrumentos similares. Eso complica el análisis.

Por ejemplo, todos tenemos muy claro lo que implica tener 5,000 pesos. Puede ser mucho para una comida y puede ser muy poco si se tratara de un ingreso mensual.

Tenemos claridad de lo que implican 5,000 dólares y muchos entendemos lo que compran 5,000 euros. Pero, por ejemplo, ¿es mucho dinero tener 5,000 rupias en la bolsa? La verdad es que no, es una bicoca.

Nuestra comparación obligada es con el dólar de Estados Unidos. Es una moneda con la que tenemos una simbiosis, una relación estrecha pero prohibida para la operación diaria.

Los turistas quisieran ver los dólares a 9 pesos, los exportadores, a 15. Pero la relación entre las monedas debe respetar algo más que los deseos de shopping.

Es aquí donde entra la hamburguesa global para darnos una buena idea de dónde estamos parados con respecto a otros países.

El grupo inglés The Economist elaboró una metodología para poder estimar la sobre o subvaluación de una canasta de monedas en comparación con el dólar estadounidense, tomando como base el precio de la popular hamburguesa de McDonald’s.

El mecanismo es sencillo, el precio local del alimento se convierte en dólares en la paridad determinada localmente y se compara el precio con el que tiene en Estados Unidos.

Pero no es sólo un asunto de tipo de cambio. El producto incorpora costos locales como insumos, salarios, impuestos, renta de la tierra, costos de seguridad, etcétera.

La medición más reciente se dio a conocer a finales de julio pasado y comprueba con un sándwich que hay economías con monedas sobrevaluadas, como Brasil o la zona euro, y otras con monedas subvaluadas como Rusia o México.

La Big Mac deja al descubierto también lo obvio, como el estado fantasioso e irracional que vive la economía venezolana o la sobrevaluación artificial del yuan chino.

En México, la Big Mac, el día que se levantó el estudio, costaba 37 pesos y la paridad estaba en 13.69. Eso hizo de la hamburguesa un producto barato para un estadounidense que en casa tiene que pagar 4.30 dólares por el sándwich y, en México, ese día, le costaba 2.70.

Esto implica que el peso mexicano es barato frente al dólar. Ésa es una ventaja competitiva para exportar. Pero también significa que, para un mexicano, el dólar es caro. Malas noticias para los importadores y los paseadores.

Está el caso muy lamentable de Venezuela, un país que vive en la fantasía de Hugo Chávez, que duerme sobre sus barriles de petróleo, lo que le ha permitido descomponer ese país hasta niveles insospechados.

En Caracas, una Big Mac cuesta 34 bolívares. La verdad, fue hasta ver las tablas comparativas de The Economist que caí en la cuenta de que eso equivalía a 7.92 dólares o a 108 pesos por la misma hamburguesa que, en México, cuesta menos de 40 pesos.

De ese tamaño es el problema económico venezolano y hoy lo podemos dimensionar de mejor manera con esta comparación.

El caso chino también es interesante. Una economía tan caliente y dinámica, superavitaria en sus exportaciones y que debería tener una moneda muy poderosa, logra tener hamburguesas por decreto monetario en 2.45 dólares, algo que debe hacer enojar a los que se han cansado de exigir al país asiático que deje de usar su moneda como un instrumento comercial.

Una hamburguesa global permite jugar un poco con los números. Y quizá pueda ser una medición cuestionable, pero es muy cercana a la realidad de estos países que comparten el gusto por esta comida rápida.

India, por ejemplo, está totalmente excluida de la medición, porque allá a las vacas las adoran, no se las comen.

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