Finalmente, con la anuencia del gobierno de México, llegaron los agentes del FBI para investigar la masacre contra miembros de la comunidad LeBarón, no podía ser de otra forma, México pidió participar en las investigaciones tras la tragedia de El Paso, ahora obligaba la correspondencia cuando se trata de ciudadanos estadounidenses que fueron víctimas en territorio mexicano.

Se puede anticipar que no se irán con las manos vacías, seguramente lo difícil será dar con los autores materiales y en consecuencia con los intelectuales; se da por descontado que ni caso harán a la versión de la confusión expresada por Alfonso Durazo.

La participación de elementos de las agencias de seguridad e inteligencia de Estados Unidos en México no es nueva, por ejemplo, en los 80 contra el Cártel de Guadalajara, de Félix Gallardo, Ernesto Fonseca y Caro Quintero, acusado de los asesinatos del agente de la DEA, Enrique Camarena, y del piloto mexicano Alfredo Zavala. Después, el fallido operativo Rápido y Furioso.

Para Estados Unidos, la situación en México se ha tornado de gran peligro y se refleja en la advertencia a sus ciudadanos de los riesgos en cinco estados señalados con foco rojo y 11 en color naranja; o sea, la mitad del país es zona minada a juicio de los estadounidenses.

Por si faltaran ingredientes, ante los grupos conservadores de gran poder en Estados Unidos, el gobierno de México quedó tocado, las manifestaciones del legislador Cotton y las expresiones en medios como The Wall Street Journal dejan sentir que no quieren un vecino inestable, incómodo y de alto riesgo y eso rebasa al propio Trump.

Las agencias de seguridad tampoco quieren más dolores de cabeza, lo de Culiacán les dejó claro que no se pueden confiar, la DEA hizo su parte al proporcionar información suficiente para detener a Ovidio Guzmán, pero el gobierno de México no hizo su parte, en lugar de hacer efectiva la detención con fines de extradición, dejó en libertad al presunto narcotraficante.

Entre los especialistas y ciudadanía en general se comenta que no hay una estrategia de seguridad clara.

El clima se ha enrarecido, porque prácticamente todos los indicadores se han disparado, desde los homicidios dolosos hasta los delitos patrimoniales; el mexicano de a pie se siente en estado de indefensión.

Y no es para menos, la Guardia Nacional no acaba de integrarse, el muy comentado desaliento entre los miembros de las Fuerzas Armadas, las protestas de los policías federales y las peregrinas consignas del presidente invocando a las abuelas y a las madres para que hagan que sus hijos se porten bien o sus gritos de batalla como el fuchi, guácala.

Las actividades de los cárteles no respetan fronteras, por eso es indispensable emprender operativos multinacionales para vencer a un enemigo común. Por lo pronto, los ojos estarán en los agentes del FBI enviados para aclarar la masacre de la comunidad de los mormones de Sonora y Chihuahua.

AL MARGEN

Al muy grave problema de la inseguridad se agrega el económico, la amenaza de una descalificación de la deuda soberana de México sigue presente, lo advierten analistas de Morgan Stanley: la incertidumbre en la política económica sigue siendo alta y los problemas de seguridad son cada vez más graves... Aunque los riesgos son muy conocidos, creemos que los activos de México ya no pagan lo suficiente como para compensar el aumento del riesgo.

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Juan María Naveja

Comunicador

Al Margen

Es analista, consultor y conferencista. Autor del libro Periodismo Radiofónico una Revisión Inconclusa, Editorial Porrúa y Coautor de Comunicación Política 2.1 modelo para armar, Editorial Etcétera.