Faltan 20 días para que se dé la próxima reunión del Comité de Mercado Abierto.

Seamos justos, la economía de Estados Unidos está en proceso de crecimiento y las tasas de interés que mantiene están más cercanas al cero que a la neutralidad que deberían ya tener.

Y, en ese mismo acto de justicia, hay que ver que cuando se da este proceso de turbulencia, las economías emergentes son las que más lo padecen y dentro de ellas, México ha aumentado su percepción de debilidad.

La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) ha postergado durante varios años el aumento de las tasas de interés.

Desde mayo del 2013, cuando se dio la primera amenaza real de cambio en la política monetaria estadounidense hasta nuestros días, sólo se han incrementado en un cuarto de punto las tasas de referencia, cuando la economía de ese país no ha dejado de crecer, aunque sea a un ritmo lento.

Es un hecho que después de la gran fiesta financiera que se montaron los mercados con los dólares tan baratos, no habría manera de que se aceptara tan fácilmente el regreso de la política monetaria más prudente.

Así la Fed se tarde otros tres años en subir las tasas, siempre habrá una reacción airada de los mercados.

Faltan 20 días para que se dé la próxima reunión del Comité de Mercado Abierto de la Fed FOMC, y desde la lectura de las minutas de la reunión pasada, se han incrementado las posibilidades de un aumento en el verano.

Si la economía crece a un ritmo lento pero sostenido, sin inflación, no parece haber impedimento para neutralizar la política monetaria y con ello evitar algún sobresalto que pudiera generarse, incluso por cuestiones políticas cortesía del crecimiento, en las encuestas, de Donald Trump.

Y las consecuencias habrán de sentirse con más fuerza en las economías emergentes menos preparadas.

Hay que ver que hoy México es percibido como una nación con riesgos financieros crecientes. Podremos tener otro discurso oficial al interior del país, pero la economía mexicana no tiene la percepción de fortaleza que tenía hace apenas dos o cuatro años atrás.

México ha tenido un crecimiento económico bajo y sin expectativas de un mayor dinamismo en los trimestres por venir.

El sector energético, tanto eléctrico como petrolero, estaba comprometido desde antes del derrumbe del precio, sólo que ahora hay que pagar las facturas de los excesos de tantos años.

Los ingresos tributarios son muy bajos y si bien los mercados valoran la aportación adicional con la que contribuyó la reforma fiscal del 2013, los números no mienten: México tiene la tasa más baja de la OCDE y una de las peores de toda América Latina.

Y tampoco pueden entender del todo en el exterior que México haya sacrificado el equilibrio fiscal del que gozó todo el inicio del siglo para cambiarlo por un déficit que no implicó ninguna mejora económica.

Todo este panorama sobre México no lo hace peor que otras naciones de la región, pero sí parece como una carga pesada como para aceptar llevarla con una tasa de interés tan baja.

Por eso es que el Banco de México advierte que si no hay una mejora en la percepción de la estabilidad macroeconómica, habrá que compensar las carencias macroeconómicas con tasas de interés más altas y ésa no es buena noticia.