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Opinión

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Las crecientes diferencias regionales

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Jorge A. Castañeda Morales

La nueva “integración regional norteamericana”, que no es nueva y a la que mucho le falta, ha revivido una discusión sobre nuestro lugar en el mundo que está intrínsicamente ligada a cómo nos ve nuestro vecino del norte. ¿México es parte de Norteamérica o Centroamérica? La realidad económica es que un poco de los dos y esas brechas sólo se acentúan con la dinámica económica actual.

Todo el país comparte problemas económicos en todos los aspectos de la vida diaria como la presencia del crimen organizado y bajos salarios relativos al costo de vida generalizados.

Sin embargo, si bien ya existía una situación de divergencia entre el norte o bajío y el sur del país –en 2020 en NL el PIB per cápita era cinco veces el de Chiapas y tres veces el de Oaxaca– la recuperación económica post pandemia y el fenómeno de relocalización de industrias a Norteamérica –el nearshoring– están provocando diferencias más marcadas e incrementando la brecha entre estas regiones.

Esto se observa al comparar las cifras de actividad económica estatal del segundo trimestre de 2020 –el peor momento de actividad económica de la pandemia– con el cuarto de 2022: Baja California está 31%, NL 29% y Jalisco 28% arriba; mientras que Veracruz está apenas 15% arriba y Chiapas 22%.

En cuanto empleo, desde el peor momento en abril del 2020 a febrero del 2023, en NL se han creado 210,000 empleos, en Jalisco 170,000 y en Baja California 140,000; mientras que en la CDMX fueron 67,000 y apenas este mes se recuperó el nivel de empleo prepandémico. En el sur del país la situación es más grave: Guerrero creó 11,000 empleos, Oaxaca 10,000 y Chiapas 16,000.

Los problemas en la CDMX se deben, sobre todo, al freno de la construcción por temas que van más allá de esta columna, pero es obvia la divergencia en las cifras de creación de empleo y trayectoria económica.

Y esto va más allá de los datos de empleo. Mientras en el norte y el bajío se anuncian inversiones y los parques industriales están a reventar, en el sur del país la economía, el empleo y los salarios siguen estancados; no hay mucho más que las obras emblemáticas del gobierno. Esta divergencia ya está provocando migraciones importantes. Se estima que a NL están llegando entre 150 y 200,000 migrantes internos. Incluso hay proyectos de traer trabajadores centroamericanos para trabajar en agroindustria en Sinaloa y Guanajuato ante la falta de mano de obra.

Las causas son obvias, pero vale la pena recalcarlas. En el norte y en el bajío existen condiciones más favorables para la actividad económica, hay mayor certeza jurídica, mano de obra capacitada y conectividad con EU aunque la infraestructura en algunos casos es vieja y hay gobiernos que están saliendo a buscar inversión.

Nada ilustra esto mejor que el caso Tesla. Aunque el gobierno federal hizo todo lo posible para traer esa mega inversión al centro o sur del país, como lo describimos en este espacio hace algunas semanas, nunca fue viable otra ubicación.

Aunque esta realidad del país lleva décadas, lo que estamos viviendo y la recuperación post pandémica apuntan a que estas diferencias seguirán creciendo y esto puede implicar muchos riesgos. Desde migraciones internas y las presiones que eso crea sobre las ciudades en cuanto a demanda de servicios e infraestructura, hasta conflictos presupuestarios. Mientras que no contemos con políticas públicas eficaces que atiendan esto, la brecha entre el norte/bajío y el sur/centro del país seguirá ampliándose.

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