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Doce días que cambiaron todo

Eduardo Ruiz-Healy | Ruiz-Healy Times
En 12 días —del 20 de febrero al 4 de marzo de 2026— se reconfiguraron la realidad mundial y la de México. 12 días que incluyeron un fallo histórico de la Suprema Corte de Estados Unidos, la muerte del delincuente más buscado del mundo, una nueva guerra en Medio Oriente y una cifra de empleos perdidos que muchos ignoraron. Lo que sigue es la crónica de esos doce días y de lo que nos dejaron.
El 20 de febrero, la Suprema Corte de EU hizo lo que muchos creían imposible al declarar ilegal e inconstitucional todo el andamiaje arancelario que Trump había levantado vía la International Emergency Economic Powers Act, la ley de poderes de emergencia económica: desde el 25% impuesto a México y Canadá con el pretexto del fentanilo, hasta los aranceles "recíprocos" de entre 10% y 50% que para 2025 ya alcanzaban a casi 90 países. Fue una victoria del Estado de derecho, pero también el principio de algo mucho más turbulento.
Dos días después, el 22 de febrero, un sangriento operativo de fuerzas especiales del Ejército Mexicano en Tepalpa, Jalisco, terminó con la muerte del fundador y jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera, “El Mencho”. La respuesta criminal fue inmediata: más de 250 narcobloqueos y ataques con drones desestabilizaron el occidente del país en cuestión de horas.
El 26 de febrero, el Inegi publicó su Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo de enero que señaló que se perdieron 705,427 empleos formales, dos de cada tres puestos generados durante todo 2025.
El 1 de marzo, Trump, con base en la Ley de Expansión Comercial de 1962, impuso un arancel global del 10% a las importaciones de todo el mundo, bajo el argumento de “seguridad nacional”. México quedó exento gracias al T-MEC. Pero la señal fue inequívoca: si los tribunales le cierran una puerta, Trump busca otra.
El 2 de marzo, EU e Israel bombardearon objetivos militares en Irán, mataron al ayatolá Alí Jamenei, líder supremo de ese país, y desencadenaron una guerra que ya afecta, además de esos tres países, a Líbano, Irak, Kuwait, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Arabia Saudita, Omán. De inmediato se disparó el precio del petróleo ante el cierre del estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial.
Ayer se vieron las consecuencias de tanta turbulencia. En apenas cuatro jornadas —del lunes 2 al jueves 4— el petróleo WTI subió 8.2% y la mezcla mexicana 7.1%, acumulando ya un alza de 24.3% en lo que va del año. El peso perdió 2.6% y la Bolsa Mexicana de Valores cayó 4.74%, sumando cuatro jornadas consecutivas a la baja.
Lo que ocurre todavía no es una crisis. Es incertidumbre en estado puro —que es casi peor, porque la incertidumbre no se puede gestionar, solo se puede aguantar.
El fallo de la Suprema Corte no trajo certeza. Trajo una lección: cuando las instituciones frenan al poder, este no se rinde, busca nuevas rutas. Y si hace falta, desata una guerra. Para muchos, el ataque a Irán tiene otra función: distraer la atención del caso Epstein, el pederasta que fue íntimo amigo de Trump. Una guerra es, entre otras cosas, un cambio de tema. Y mientras se buscan nuevas rutas arancelarias y se encienden frentes bélicos, los inversionistas se paralizan y las divisas oscilan.
Y, mientras, México resiste. Pero resistir no es prosperar.
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