Un conflicto originado en Puebla está avanzando a nivel internacional. Por lo pronto, varias embajadas de México ya sienten preocupación y avizoran que el tema, de seguir escalando, afectará a la imagen de México, en particular, a la del presidente López Obrador.

La decisión que tomó el gobernador de Puebla, Miguel Barbosa, del partido Morena, el pasado 29 de junio, no tiene un solo precedente positivo en la historia contemporánea del país: enviar a la policía armada para desalojar un campus universitario.

Imposible no pensar en lo ocurrido con los estudiantes universitarios el 2 de octubre de 1968.

En efecto, el gobernador Barbosa ordenó a la policía de la Secretaría de Seguridad Pública amedrentar violentamente la vida estudiantil del campus de la Universidad de Las Américas Puebla aprovechando un litigio familiar que involucra a la Fundación Mary Street Jenkins. Su patronato fue desconocido por uno espurio.

Es inadmisible que cualquier campus universitario sea tomado por personas armadas independientemente de la gravedad de los problemas que puedan existir entre dos particulares.

Tan resulta inadmisible que, sabiendo el interés que tiene el presidente López Obrador por no usar la fuerza de las armas en manifestaciones u otro tipo de conflictos sociales, el gobernador Miguel Barbosa haya tomado la decisión de enviar a empistolados al campus de la Universidad de las Américas Puebla.

Una fuente desde Bruselas me confirma que ya está el expediente del caso en las puertas de la Unión Europea, una de las cajas de resonancia más importantes del mundo. Lo mismo que en Estados Unidos. Los expedientes sobre el golpe de Barbosa están circulando en varias naciones.

Lo que no midió el gobernador Barbosa es la inmediata cohesión existente entre el mundo universitario, lo mismo privado como público. Su acto autoritario puede generar demandas internacionales y varias externalidades, entre ellas, el deterioro de la imagen país y la del propio presidente López Obrador.

Enseñar a pensar. Imposible olvidar el legado de Carlos de la Isla quien, desde las aulas, se convirtió en uno de los mejores promotores de la enseñanza universitaria en México.

Intuyo que Armando Ríos Piter, rector espurio impuesto por su amigo Barbosa, no tuvo la fortuna de tomar clases de Problemas de la Realidad Contemporánea con el profesor Carlos de la Isla en el ITAM. De la Isla siempre puso por delante el amor a la universidad sobre todas las cosas; sobre todos los apetitos personales. La universidad como un ente incorruptible. Al prestarse al montaje diseñado por Barbosa, Armando Ríos Piter dañó de facto su trayectoria profesional.

Ahora, y para tratar de normalizar el golpe a la vida universitaria, ha desplegado a un grupo de incondicionales que se dedica a acosar a líderes estudiantiles de la UDLA para que platiquen con él, y demostrar que su función como rector la cumple y que además, recibe el reconocimiento de la comunidad estudiantil. Se trata del ocaso profesional de un político que no ha encontrado chamba.

José Woldenberg, Antonio Lazcano (científico), Andrés Lira (expresidente del Colegio de México), Julio Frenk (rector de la Universidad de Miami), Silvia Giorguli (presidenta del Colegio de México) y Soledad Loaeza (catedrática) entre otros, han firmado una carta donde muestran su rechazo a la toma de la UDLA Puebla “con la fuerza pública cuando no ha pasado nada al interior de la institución, luego, trastocar la operación interna al nombrar un nuevo rector sin seguir los lineamientos ni la normatividad”.

El rector legítimo, Luis Ernesto Derbez, es arropado no solo por la comunidad universitaria de la UDLA Puebla, lo es por el mundo universitario mexicano, y pronto, internacional.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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