España parece acercarse a la dictadura de Nicolás Maduro a través de la “doctrina ZP”.

El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero (ZP) se ufana de conocer lo que sucede en Venezuela como pocos. Es ingenuo.

En octubre pasado, el expresidente español estuvo en las instalaciones de El Economista. Me dijo que el cerco mediático que cubre al régimen de Nicolás Maduro produce fake news. Me reí, no le creí. He estado en varias ocasiones en Venezuela y he estudiado a profundidad el crecimiento de rasgos dictatoriales del régimen, por lo que no es necesario que Zapatero intente traducir lo que he visto como un simple conjunto de fake news.

Zapatero ha mutado de mediador a publicista de Maduro en corto tiempo. La oposición lo sabe y desacredita sus funciones. Ahora, Zapatero es un lobista del dictador y, como tal, debe de estar cobrando una buena cantidad de dólares.

La asunción presidencial de Pedro Sánchez nutrió a Zapatero de confianza para influir en la política exterior de España. Por ejemplo, durante la sesión de control en el Congreso del pasado miércoles, el presidente Pedro Sánchez anunció un giro en la relación bilateral con Venezuela con la simple mención del puesto de Juan Guaidó.

El año pasado lo reconoció como “presidente encargado” y el miércoles calificó a Guaidó como “el líder de la oposición”. Lo mínimo que se merecen los españoles es una explicación sobre los motivos del cambio de parecer del presidente. Al no cubrir el espacio, varias conjeturas lo hacen. Dos de ellas son sólidas: la influencia de Pablo Iglesias (Unidas Podemos) y la persuasión del lobista Zapatero.

Ayer, la ministra de Exteriores Arancha González corrigió a Sánchez al decir que Guaidó es “presidente encargado y líder de la oposición”. No es posible ocupar los dos puestos de manera simultánea.

El acercamiento de Pedro Sánchez con la dictadura lo ha hecho tropezar, inclusive, violando disposiciones de la Unión Europea. El capítulo 2, artículo 6 del Diario Oficial de la Unión Europea señala: “Los estados miembros adoptarán las medidas necesarias para impedir que entren en su territorio o transiten por él las personas físicas responsables de violaciones o abusos graves de los derechos humanos o de la represión de la sociedad civil y la oposición democrática en Venezuela”.

La madrugada del 20 de enero, el avión que transportaba a Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Maduro y personaje sancionado por la Unión Europea, aterrizó al aeropuerto de Barajas de Madrid. Delcy es una represora y, sin embargo, fue recibida por el ministro de Transporte, José Luis Ábalos.

El presidente español ha defendido a Ábalos porque, según él, evitó un conflicto diplomático. Por el contrario, la acción de Ábalos ha provocado una violación del gobierno español a las normas de la UE en materia de sanciones contra el régimen dictatorial de Maduro.

La represora Delcy ingresó a una sala VIP del aeropuerto para charlar con Ábalos durante varias horas. ¿Le ofrecieron una jabugo pata negra y unas cañas?

Ábalos tuvo que haber presentado su renuncia porque ha cambiado sus versiones según la información que se incorpora día a día gracias a lo publicado por varios medios. El primero que reveló la presencia de Rodríguez en el aeropuerto fue el portal Vozpópuli.

Sánchez, mientras no explique lo ocurrido en Barajas, ha ingresado al ecosistema chavista del partido Unidas Podemos y de los intereses privados del lobista Zapatero.

El miércoles, la vocera del PP calificó con claridad a los políticos españoles que se dejan seducir por la dictadura de Maduro: “Juegan a la revolución en patio ajeno”.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.