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Opinión

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La red compartida: corrupción y espionaje

La semana pasada, el pleno de la Cámara de Senadores solicitó a la Secretaría de la Función Pública y a la Auditoría Superior de la Federación investigar al ex presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), Mony de Swaan, por la contratación de McKinsey por 100 millones de pesos a cambio de menos de 100 páginas. El documento pretendía justificar la construcción por parte del gobierno federal de una red pública compartida que monopolizaría la totalidad de la banda de 700 MHz.

Pero la historia viene de más atrás, de cuando Huawei andaba de foro en foro por toda Latinoamérica promoviendo un proyecto que traía en México para construir una red pública compartida con el estándar asiático que monopolizaría la banda de 700 MHz. Lo curioso es que nadie conocía este proyecto en México, salvo, claro, De Swaan y su banda: Juan Molinar Horcasitas, Juan Ludlow y Luis Lucatero. Después, el pleno de la Cofetel, con información manipulada por Ludlow y Lucatero, adoptó para México el estándar asiático sin tomar en cuenta los graves problemas que tendremos con Estados Unidos, particularmente en materia de espionaje y seguridad nacional.

Para que Huawei pudiera seguir adelante con su proyecto, había que justificar que el gobierno acaparara el mejor espectro para banda ancha móvil, comprometiera inversiones por 10,000 millones de dólares y volviera a convertirse en operador de telecomunicaciones en un mercado que se supone en competencia. Para eso, De Swaan contrató a McKinsey. Como el encargo no aguantaba la prueba de la risa, McKinsey decidió vender caro su amor.

Luego vino ese mercado de favores y compromisos que fue el Pacto por México, y Molinar Horcasitas condicionó el voto del PAN en temas sensibles para la administración del presidente Peña Nieto, a cambio de que se incorporara a la Constitución el proyecto de De Swaan, que aunque va a ser un verdadero fracaso -porque los números no dan, el modelo está mal hecho, sus supuestos clientes no lo quieren ni ver y para usarlo vamos a tener que traer dos teléfonos-, antes de morir va a extraer del erario miles de millones de dólares. En fin, que así llegamos a tener ese bodrio en la Constitución.

Pero el problema apenas empieza. Queriendo hacerse rico con sus tres años de alta burocracia, Mony de Swaan se metió entre las patas de los caballos y su red compartida, con tecnología asiática, proveedor y operador chinos, está por dar lugar a un encontronazo entre Estados Unidos y China, en el que México (como si nos faltaran problemas) será el jamón del sándwich. Estados Unidos y Australia han expulsado a Huawei de su territorio por espiar para el gobierno chino. China Telecom, a quien cándidamente el secretario Ruiz Esparza le ofreció la red compartida, es una unidad de espionaje del ejército chino, según lo ha dado a conocer la consultora en seguridad cibernética Mandiant.

Evidentemente, Estados Unidos nunca va a permitir que China Telecom opere equipos de Huawei en la banda de 700 MHz (que ellos utilizan para seguridad nacional) a pocos kilómetros de la flota del Pacífico en la Base Naval de San Diego. Y peor para nosotros, las principales acusaciones son por espionaje industrial, así es que a ver qué empresa de alta tecnología decide instalarse en México cuando el gobierno chino va a estar escuchando todo.

Lo verdaderamente ridículo del caso es que un acto más de probable corrupción puede dar lugar a un grave conflicto internacional. ¿De verdad nadie se dio cuenta de en lo que se estaban metiendo? ¿Se puede ser tan voraz?

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