Imagine por un momento que usted es el entrenador del Real Madrid. Zidane fue despedido y, por méritos propios, le tocó ser el nuevo entrenador del equipo con más campeonatos. Imagine ahora que el próximo domingo va a jugar un partido crucial, el más importante de su vida. No se trata de una final más del equipo con más copas en la historia, se trata de un juego de vida o muerte, del partido que decide si su equipo, tan acostumbrado a ganar, como sea pero a ganar, se va a la Segunda División.

Bueno, algo así es lo que se juega el presidente Enrique Peña Nieto en la elección del Estado de México. Si el PRI pierde, se va, literalmente, al infierno; sus posibilidades, hoy escasas, de competir por la Presidencia de la República en el 2018, prácticamente se difuminan. El PRI quedaría en una posición más endeble aún que la del año 2000 tras el madrazo de Madrazo.

Imaginemos el escenario de la derrota. El PRI habrá perdido no sólo el estado más importante en votos y presupuestos, sino que se quedará sin gobernar o habiendo sido derrotado en las elecciones intermedias en ocho de los 10 estados más importantes en electores y en presupuesto. No tienen la Ciudad de México, perdieron Veracruz, gobiernan Jalisco pero perdieron la elección intermedia, perdieron Nuevo León, no gobiernan Guanajuato, perdieron Puebla y perdieron Michoacán. Chiapas lo gobierna el Verde en acuerdo con el PRI, pero el Verde se vende siempre al mejor postor, y Oaxaca lo recuperaron. A eso hay que sumarle que perdieron recientemente otros tres estados que están entre el 11 y el 15: Chihuahua, Tamaulipas y Baja California.

Un fracaso en el Estado de México deja al PRI en una posición muy endeble y al presidente en la lona. No sólo se juegan la posibilidad de competir en el 2018, creo que ya son pocos los priistas que ven factible que repitan en la Presidencia, sino el enclave que podría permitir la subsistencia del grupo político del presidente, una representación importante en la Cámara de Diputados y la reproducción de cuadros futuros para el partido.

La diferencia entre Delfina y Madrazo no es el punto porcentual a favor o en contra que les dan las encuestas, sino lo que se juegan cada uno de ellos en esta elección. Si la candidata de Morena pierde, Andrés Manuel seguirá siendo el candidato a vencer y además seguramente le permitirá actualizar el discurso de la mafia del poder , porque viñetas ilustrativas de cómo se operó la elección, le van a sobrar. El PRI en cambio se juega la vida: lo dijo el propio candidato en uno de sus cierres de campaña. Del Mazo carga en sus hombros el peso del descenso y, desde la banca, el presidente Peña y todo su cuerpo técnico harán lo que sea para no pasar a la historia como el entrenador que mandó a su partido a la Segunda División.