Podemos estar o no de acuerdo en algunos detalles de la marcha Vibra México; entre ellas, con el nombre, que además de cursi es totalmente esotérico y new age. Nada me podría caer tan mal que ese nombre; digamos que yo no vibro en esa frecuencia. Sin embargo, cuando se trata de algo tan amplio y tan diverso, no hay forma de que todos coincidamos en todo; por el contrario, lo que hay que buscar es ese pequeño resquicio, aquellas pocas cosas en las que sí estamos de acuerdo. No es un ejercicio sencillo, pues llevamos años haciendo lo contrario: nuestra educación política se basa en encontrar las diferencias, ésas que nos liberan de cualquier compromiso con las políticas públicas de nuestra ciudad, nuestro estado o nuestro país y nos dejan la salida fácil, la del yo no voté por ése , yo nunca estuve de acuerdo con aquello , o el infalible se lo dije . No podemos descartar, pues, que la mezquindad termine por imponerse: sería sólo una raya más al tigre de los desacuerdos.

Pero si no pasa nada grave en las próximas 24 horas, la sociedad civil se movilizará este domingo para gritarle a Donald Trump lo que el gobierno mexicano no ha podido o no ha querido decir en voz alta: que repudiamos las políticas xenófobas. Algunos sumarán otras causas, cada quien la suya, pero hay que tener muy claro que la marcha no es, como algunos han insistido, un espaldarazo al gobierno, pero tampoco es una marcha de repudio a Peña. El gran problema del discurso de la unidad es que se plantea como la negación de los principios y se construye desde un falso nosotros , donde el único reconocible y reconocido es el yo .

Lo que puede ser realmente interesante de esta marcha es que la sociedad civil está rebasando al gobierno y a los partidos que han sido absolutamente torpes y lentos en sus respuestas y planteamientos. Lo criticable de la actitud del gobierno de Peña no es que no haya usado un tono más fuerte frente a las continuas ofensas del presidente estadounidense, sino que no tenga una estrategia clara para enfrentarlo. Si tuviéramos la certeza de que detrás de la no respuesta del gobierno, que raya en lo pusilánime, hay una estrategia, lo que estaríamos discutiendo es si dicha estrategia es o no la correcta, pero a estas alturas del partido nadie tiene claro a dónde van Peña y Videgaray.

Independientemente de cuántos salgan a la calle este domingo en las diferentes ciudades del país, el simple hecho de que se haga la marcha es un gran logro. No sólo porque México habrá recuperado su orgullo, bastante golpeado en los últimos tiempos, y porque la nación habrá reconocido su propio rostro, un rostro plural y diverso, sino sobre todo porque se habrá demostrado, una vez más, que hay una sociedad que es mejor que sus dirigentes.

No es poca cosa, pues sólo si hay una mejor sociedad civil, podemos esperar en el futuro un mejor gobierno.

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