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Opinión

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La influencia de papi

Les aviso a mis lectores que ando de viaje. Para cubrir mi ausencia y, sobre todo, para no dejar de percibir mi sueldo, remuneración que me es muy necesaria si se considera que tengo un gobierno insaciable que mantener; y que, además, soy padre de familia, tengo dos boquitas que alimentar y una bocota que escuchar, hoy mi columna se publicará como cualquier martes.

Lo anterior es un exordio para decirles a ustedes, beneméritos leedores de mis engendros, que ando lejos del suelo donde he nacido, por lo tanto ignoro lo que ha sucedido en nuestro país en los últimos días. Esta vez no comentaré los sucesos nacionales y ni falta que hace . En contrapartida, a continuación les ofrezco una historia que no es hija de mi imaginación, pero que la he adoptado y vestido. De tal suerte que la considero, si no mi hija, sí de mi familia, digamos, mi sobrina. Hela aquí:

I

Don Guillermo Lascuraín y Rivas había ocupado todos los puestos a los que un político mexicano puede aspirar, con excepción de la Presidencia de la República.

Comenzó su carrera desde preparatoriano, como secretario particular del Senador César Oliveros Razcón, compendio de picardía política, al que sus íntimos apodaron El Perro, cosa que no le desagradaba, prueba de ello es que terminaba sus discursos diciendo que los que votaban por la oposición eran ciegos y remataba en el país de los ciegos, el perro es rey .

Antes de terminar la carrera de abogado, don Guillermo ya había sido secretario del Comité Ejecutivo Juvenil del partido oficial. De ahí dio el salto para ser el Diputado más joven de la historia. Y así, sin faltar a las sesiones del Congreso, terminó la carrera y cursó una maestría.

Su currículum en política es más abultado que las nalgas de Jennifer López: dos veces más Diputado y otra, Senador, subsecretario de Asuntos Agrarios, Secretario de Planeación y Gobernador de Jalisco, y sin haber nacido, ni vivido ahí presumía . Era yo tan chingón que el señor Presidente me puso porque la entidad andaba a la baja. Conocí el estado que iba a gobernar durante la gira y lo saqué adelante a base de trabajo y huevos.

Arbitrario y cabrón, pero muy trabajador había sido don Guillermo, de ahí que estuviera desconcertado, por decir lo menos, ante la indolencia del menor de sus hijos, Julio, por seguir estudiando.

Julito nos salió huevón , le comentó a Sarita, su segunda esposa. Sus hermanos Amelia y Memo chico salieron buenos para el estudio y para el trabajo. En cambio, Julito trabaja menos que el sastre de Tarzán.

A Sarita, que no le hacían ninguna gracia los comentarios de don Guillermo, elogiosos para sus cuarentones hijos de su primer matrimonio y en tono de denuesto para Julio a punto de cumplir los 20, habló con éste. ¿Qué te pasa, hijo? Métete a estudiar lo que sea con tal de que tu padre deje de criticarte.

II

Dianética mis huevos. ¿Qué es esa madre y en dónde se estudia? Nada más falta que me digas que vas a estudiar macramé o una de esas mamadas para maricones , increpó don Guillermo a su hijo. Quiero que estudies una carrera universitaria. Algo de provecho.

Es que no creo tener vocación para ninguna carrera. Te consta que no me distinguí por mi brillantez en la prepa.

Está bien. No estudies. Pero yo no mantengo vagos. Así que a trabajar.

¿En qué?

Ya veremos.

III

Don Guillermo tomó el teléfono y en menos de lo que usted lee esta frase ya lo habían comunicado con el licenciado Aureliano Núñez, secretario de la Presidencia. Tras los saludos de rigor y la seguridad de mi más distinguida consideración , don Guillermo planteó el motivo de su llamada:

Estos muchachos de hoy. Ojalá y usted le pueda conseguir un trabajo para que vea que no es lo mismo atrás que en ancas. Estoy seguro que tras de trabajar unas semanas le darán ganas de volver a estudiar.

Déjelo de mi parte, don Guillermo, y cuente con ello.

Tres días después, Lascuraín y Rivas contestaba la llamada del licenciado Núñez. Ya está, pude hacerle a su hijo un lugarcito en mi cuerpo de asesores. 90,000 mensuales para empezar.

Se lo agradezco, pero es mucho dinero para ser el primer trabajo de mi hijo. Le suplico le consiga algo más modesto de menos dinero.

IV

Esta vez fueron dos días los que se tardó Núñez en hablar con don Guillermo. ¡Ya está! Hablé con el diputado Palacios, necesita un secretario particular. 40,000 pesos al mes.

No, no, no. Se agradece, pero considere que Julio, mi hijo, apenas terminó la prepa. Consígale algo mucho más austero. Digamos un puesto en el que gane 6 o 7,000 pesos mensuales.

Eso está más cabrón, don Guillermo. Esos puestos son por concurso, se necesita un título universitario, hablar inglés; de ser posible, un posgrado en el extranjero y experiencia previa. Esas chambas están cabronas.

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