Steve Bannon, Cambridge Analytica y Facebook ganaron las elecciones presidenciales de Estados Unidos en el 2016 y sacaron a Reino Unido de la Unión Europea.

El voto de tres entes generó un vector mucho más potente y efectivo que el voto de 170 millones de personas (en Estados Unidos votaron 137 millones en las elecciones de noviembre de 2016; en Reino Unido, 33 millones en el referéndum del Brexit en junio del mismo año).

El romanticismo por la democracia ha pasado a formar parte de las artes escénicas; el histrionismo como animador de la Matrix electoral alrededor de las urnas. La realidad es otra: las campañas electorales ocurrieron desde el interior de las mentes de millones de personas formateadas y polarizadas por Bannon, Cambridge Analytica y Facebook.

Mindf*ck se convertirá en un libro de referencia sobre el socavamiento de la democracia en el siglo XXI. Cristopher Wylie, uno de los grandes impulsores de Cambridge Analytica, junto a los 20 millones de dólares aportados por la familia de Robert Mercer, decidió abandonar la empresa en 2014 al racionalizar la estrategia de socavamiento de la democracia en Estados Unidos y Reino Unido.

Cambridge Analytica, desintegrada en 2018, fue una subsidiaria de Strategic Communication Laboratories (SCL), empresa que nació para ofrecer sus servicios de comunicación política en Estados Unidos.

Desde el nacimiento de Cambridge Analytica, la empresa adoptó el modelo que Steve Bannon traía en mente: azuzar una guerra cultural en la sociedad estadounidense a través de la polarización. No es difícil encender los ánimos entre miembros de ciertas capas sociales. Basta con desnudar la indolencia de la clase política. En el caso de Estados Unidos, el establishment se ha dedicado a “golpear” a la clase trabajadora, decía Donald Trump durante su campaña electoral. “Vamos a drenar el pantano”, le hacía decir su álter ego, Steve Bannon.

Bannon “se veía a sí mismo como un intelectual, que encajaba perfectamente en las salas góticas y los extensos prados de Cambridge”, escribe Wylie en su libro editado por Roca. ésta fue la razón por la que Alexander Nix, director de Cambridge Analytica, mintió a Bannon sobre la ubicación de la empresa. “Le dijo que, aunque SCL tenía sus oficinas en Londres, nuestra base principal se encontraba en Cambridge, debido a nuestra íntima relación con la universidad”.

Nix decidió montar una oficina falsa en Cambridge “alquilándolo todo, muebles, computadoras y demás. El día que Bannon tenía que llegar dijo: ‘Bien, ¡hoy todo el mundo va a trabajar en nuestra oficina de Cambridge!’”.

Bannon llegó a la falsa oficina y en el entorno había “un puñado de trabajadores temporales y varias chicas jóvenes y escasamente vestidas para que llenaran la supuesta oficina”. Eran actores contratados de manera ex profeso.

Facebook estuvo de acuerdo en ceder sus datos a cambio de potenciar la monetización de los mismos. De acuerdo con Cristopher Wylie: “Facebook saca una media de 30 dólares de cada uno de sus 170 millones de usuarios estadounidenses”.

La empresa de Mark Zuckerberg entendió que “la geolocalización en directo, reservada en tiempos para los convictos con sus tobilleras, se añadió a nuestros teléfonos móviles”.

Con el modelo utilizado por Cambridge Analytica, Steve Bannon conocía los perfiles de discusión de todos los condados de Estados Unidos gracias a la información de Facebook.

Cristopher Wylie fue amenazado por Facebook. La empresa de Zuckerberg “usaba empresas de relaciones públicas para difamar a sus críticos, mientras que sus abogados habían amenazado con informar sobre mí al FBI en relación con un ciberdelito sin especificar”, narra Wylie en su libro Mindf*ck.

Los fraudes electorales han dejado de ocurrir el día de las elecciones a través de robos de urnas o alteración de resultados. Facebook, como escribe Wylie, ya no es sólo una empresa. Es una vía de acceso a las mentes de sus usuarios.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.