¿Será inflacionario el aumento al precio de las gasolinas recién anunciado? Indudablemente que sí, en el corto plazo, aunque el tema merece un análisis cuidadoso. En general, puede esperarse que el anunciado aumento a las gasolinas -el muy temido gasolinazo- tenga repercusiones de tres tipos: sobre la inflación en el corto plazo, sobre la inflación en el mediano plazo a través del impacto que pueda ejercer sobre las finanzas públicas -específicamente sobre el balance fiscal- y su repercusión en materia política por el muy intenso coraje público que la medida, comprensiblemente, ha detonado. En lo personal, es esta última reacción la que más preocupa y la que puede traer consecuencias más graves para México: ¡no es posible burlarse de los ciudadanos de manera tan flagrante!

El aumento a las gasolinas y al diesel traerá inflación en el corto plazo por dos razones de mucha importancia. Primera: por el muy peculiar y estratégico papel que cumplen los combustibles en el funcionamiento de una economía moderna, como lo es la de México. Segunda: por el muy significativo monto de los aumentos de 14.1, 20.1 y 16.5% para las gasolinas Magna, Premium y el Diesel, respectivamente.

¿Por qué serán inflacionarios esos aumentos? Absolutamente todos los bienes requieren transporte del lugar donde se producen a donde se consumen. Lo mismo es válido para los insumos de donde se extraen a donde se procesan para fines productivos. El otro factor determinante es que las gasolinas y el diesel no tienen sustitutos. ¡Olvídese de la posibilidad de mejor cargar el tanque con consomé Rosa Blanca! De lo anterior que las alzas anunciadas repercutirán sobre los costos de la totalidad de los satisfactores que adquieren las familias mexicanas.

Desde el punto de vista de las finanzas públicas, lo que quedó totalmente claro es algo muy evidente: ante la necesidad ineludible de reducir el déficit fiscal las autoridades prefirieron aplicar un gasolinazo, el cual, por su monto, será tremendo para el bolsillo de los consumidores, más que embarcarse en el muy complicado y desgastante proceso político de corregir el balance fiscal mediante una reducción del gasto público. Desde luego que un mejor balance fiscal coadyuvará, a la larga, a estabilizar el tipo de cambio y facilitará la lucha en favor de la estabilidad. Ello, si antes no se desata una ola de protestas sociales imposible de contener.

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