En México la diplomacia no da votos, dinero ni candidaturas presidenciales. La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) no es una carpa Cirque du Soleil donde trapecistas vuelan hacia gubernaturas, escaños o presidencias de partidos políticos.

La percepción popular sobre la diplomacia mexicana se bifurca entre la fantasía y la lotería: un grupo de burócratas se la pasa brindando en castillos alemanes con champaña francesa y comiendo tapas de jamón ibérico.

El otro lado de la moneda es la lotería. Por ejemplo, el premio político que recibió Fidel Herrera lo llevó al consulado mexicano en un pequeño castillo barcelonés.

El interés mediático sobre la diplomacia mexicana es insignificante. Un ejemplo. La peor noticia del 2016 entre la diplomacia no fue la visita de Donald Trump a Los Pinos. Por mucho, la de mayor polémica (silenciosa) fue el pacto de Quintonil entre el primer ministro de India, Narendra Modi, y Enrique Peña Nieto. Ocurrió la noche del 9 de junio en el famoso restaurante Quintonil en Polanco. En contra de los principios antiarmamentistas que significaron el Nobel de la Paz al mexicano Alfonso García Robles en 1978, México apoya a India para que ingrese al club de proveedores en la industria de armamento nuclear. El país asiático no ha firmado ningún protocolo sobre el uso de armamento nuclear pero sí ha realizado ensayos ilegales.

La diplomacia mexicana se ha convertido en un museo frente a los tiempos globales. Prueba de ello es que el 2016 tuvo que haber sido el año de la SRE, pero no lo fue. La victoria de Trump sorprendió a la cancillería sin un plan de ruta crítica.

Desde el 9 de enero se llevará a cabo la Reunión de Embajadores y Cónsules, un conjunto de sesiones en donde se esbozará la estrategia del gobierno federal durante el 2017. En el 2013, el Pacto por México y, en el 2014, las reformas constitucionales, se convirtieron en los ejes temáticos de las reuniones. Después, la planeación diplomática se desdibujó. Ahora, el tema de la Presidencia de Donald Trump no será optativo.

Al invitar a Donald Trump a México, Luis Videgaray apostó su capital político a mediano plazo. En el corto, y por razones que conocemos, le costó su puesto. Ahora el escenario ha cambiado. Videgaray hace las veces de asesor estrella con poder vicepresidencial. Ya está de regreso. Su idea estratégica será explicada al cuerpo diplomático. Él es enlace del presidente Peña con Trump a través de su yerno Jared Kushner. Claudia Ruiz Massieu quedó entrampada durante la campaña entre su intención de apoyar a Hillary Clinton y el malestar del presidente Peña con la candidata demócrata por sus filosas críticas a su gobierno.

Virgilio Andrade llegará a la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Amexcid) y asumirá las funciones de facto que el subsecretario para América del Norte no ha realizado de manera óptima.

El pragmatismo es la mejor táctica no planeada; puede ser inteligente, siempre y cuando se razone.

Comienza la operación Trump Presidente.