Esta semana, se lleva a cabo la reunión sobre Cambio Climático organizada por la ONU en la ciudad inglesa de Glasgow. Enfrentamos actualmente serios retos derivados de los efectos del cambio climático a nivel mundial. En este tipo de cumbres, que tienen algunos antecedentes en acuerdos de París o de Tokio, algunos de los países más industrializados se comprometían a reducir las emisiones.

La emergencia ya es inmediata y muchos científicos han advertido sobre la necesidad de dejar de usar combustibles fósiles que, al quemarse, abonan al problema del calentamiento global con gases efecto invernadero. Y es que el cambio climático no es sólo una cuestión de “aguantar” que haga más calor. Numerosos científicos han advertido que el cambio climático no va a discriminar entre naciones ricas y pobres. Los desastres naturales son una amenaza también para la economía, por los daños en infraestructura y los paros laborales a raíz de un desastre natural. Podrían provocar incluso, crisis migratorias severas, obligando a las personas a huir de los lugares con condiciones climáticas poco propicias para la vida. Se prevén mayores tensiones entre los países industrializados por dominar el mercado y además, en el plano de la alimentación, las formas de producir, distribuir y consumir alimentos actuales, pueden ser un medio para generar mayor inseguridad alimentaria de la que existe en el mundo.

Evidentemente el cambio climático de los próximos años concierne y afecta de manera seria a todas las esferas de nuestra vida en los próximos años. Aunque se ha advertido que los cambios ya no son reversibles, la reducción de emisiones por parte de las industrias sí disminuiría los efectos. Los países que más emisiones lanzan al ambiente, son coincidentemente, aquellos con mayor desarrollo. Por ello, urge comprometer de manera tajante a los líderes para reducir las emisiones y tomar medidas estrictas ante la emergencia global. Parecería que las cumbres anteriores, eran más reuniones de diplomacia más llenas de intenciones aparentes que reales negociaciones para comprometerse a hechos concretos en la manera de utilizar las energías y producir de manera industrial.

Se pretende que todos los países para el año 2030 deben de recortar las emisiones de efecto invernadero a la mitad de lo que hoy en día se produce. Sin embargo, ante esta contingencia existen evidentemente intereses no sólo económicos y políticos sobre la carrera del país que domine la economía mundial (entre China, Rusia y Estados Unidos), sino también tensiones ideológicas que a raíz del resurgimiento de la extrema derecha en todo el mundo, la crisis de la pandemia y otros factores, han hecho que el escenario en el que se negocia sea ríspido.

Mucho se ha dicho que además de todo esto, es necesario transformar la forma en la que producimos, distribuimos y consumimos alimentos. Mientras dependamos de los combustibles fósiles en gran medida para ello, también enfrentamos el reto de la inseguridad alimentaria en todo el mundo. Países desarrollados tienen altos índices de consumo de proteína animal per cápita (excediendo las recomendaciones), que por la forma en la que es producida, también liberan gases de efecto invernadero al medio ambiente. El tema no exige más que un verdadero compromiso por regular la manera en la que estamos produciendo, pero también muy probablemente, la manera en la que estamos consumiendo sin reflexionar cómo todos estos consumos afectan el mundo que quedará a generaciones futuras.

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Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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