En mi columna del martes hablé acerca de lo importante que es tener una buena educación financiera y no sólo los “tips” que podemos encontrar en cualquier lugar o las “guías” que publican las instituciones financieras o la propia autoridad para “usar mejor tu tarjeta de crédito”.

De hecho, desde mi punto de vista, una buena educación sirve para formar criterio y para adquirir habilidades. Estudiar historia, por ejemplo, no se trata de aprender los chismes de la corte de Luis XIV en Francia o una bola de fechas en las que ocurrieron batallas importantes. Todo esto se enseña para que el alumno pueda entender cómo se forman los procesos históricos. ¿Qué pasaba en esa época y por qué se detonó la Revolución Francesa? A través del análisis de los problemas de las sociedades en otros tiempos y lugares, de sus causas y consecuencias, podemos también comprender fenómenos sociales y políticos del presente. 

Las matemáticas no se enseñan para que los niños aprendan a sumar, sino para que desarrollen una capacidad de abstracción y deducción que es fundamental, por ejemplo, para formar estructuras lógicas de pensamiento. 

De la misma forma, la educación financiera no se enseña nada más para que alguien pueda entender cómo funcionan los créditos de nómina. Se trata de entender mejor nuestra relación con el dinero, comprender cómo se crea o destruye patrimonio y cómo manejarlo para lograr las cosas que más nos importan. Se trata de tener una vida mejor, más plena y con menos preocupaciones (entre muchas otras cosas). 

Esto me lleva al tema de este artículo. Hace tiempo leí en redes sociales un pequeño meme que decía: “disfrutar placeres de corto plazo a expensas de nuestros sueños de largo plazo, es casi tan tonto como perseguir sueños de largo plazo a la expensa de los placeres de corto plazo”. 

Me parece una gran leyenda que ilustra la importancia del equilibrio entre todos los aspectos de la vida y desde luego nuestra propia relación con el dinero. 

La mayoría de la gente, en todo el mundo, privilegia los placeres de corto plazo e ignora literalmente las necesidades de largo plazo. Mucha gente piensa que es muy joven para pensar en su retiro, que ya habrá tiempo de hacerlo más adelante. Pero luego se arrepienten. No he conocido a nadie que no me haya dicho: “ojalá hubiera sabido esto antes”. Lo que ilustra, de nueva cuenta, la importancia de una buena educación financiera que no sólo aporte conocimiento, sino perspectiva.

Por eso también la clase media mexicana está tan endeudada: no nada más se olvidan del largo plazo, pero abusan de los placeres inmediatos. Muchos lo compran todo a meses sin intereses e hipotecan parte de su futuro: aunque sean “sin intereses” sigue siendo una deuda que compromete nuestro flujo de efectivo y nos deja con menos dinero para otras cosas, incluidas un ahorro para formar patrimonio con el tiempo. 

A lo largo de los años me he dado cuenta de que lo difícil no es tanto manejar nuestro dinero: para ello hay reglas muy sencillas que he explicado aquí en muchas ocasiones. 

Lo que es verdaderamente complicado es, en primer lugar, tener claras nuestras metas y objetivos de vida y en segundo, lograr un sano equilibrio entre aquellas que podemos lograr en el corto y en el largo plazo. Porque el dinero, como todos sabemos, es escaso y no podemos hacer todas las cosas que queremos al mismo tiempo. Eso nos obliga a priorizar. Este es otro aspecto clave de una buena educación financiera. 

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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