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Opinión

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La crisis según Greenspan

Alan Greenspan asimila la crisis financiera con lo que sucede en una inundación masiva como las que ocurren cada 100 años.

Alan Greenspan es el último en entender que la historia enseña que no se aprende nada de la historia como afirmó George Bernard Shaw. Ésta es la principal conclusión a la que llega en un documento que sobre la crisis financiera presentó la semana pasada en la Brookings Institution en Wha-shington DC. Los últimos 100 años de historia financiera, sobre todo el periodo de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, no sirvió de mucho a los académicos, actores y reguladores de los mercados y desde luego a él mismo para comprender que bajo sus pies se desarrollaba la más grave crisis de la historia.

Como ciencia positiva la teoría económica debe ser capaz de hacer pronósticos, sin embargo, los economistas somos famosos por fracasar frecuentemente en el intento. Hace no mucho la reina Isabel II cuestionó enojada a un importante grupo de colegas ingleses el porqué nadie le advirtió sobre la crisis. Aunque nadie atinó una respuesta convincente en el momento, se ofrecieron sesudas explicaciones posteriormente en un foro de Internet del Financial Times. Ahora fue el turno de Greenspan. La crisis fue el producto de dos factores.

Todo empezó con la caída del Muro de Berlín que desacreditó en definitiva la planificación central como modelo de desarrollo económico; más o menos al mismo tiempo en algunas economías emergentes adoptaban políticas de crecimiento basadas en las exportaciones. Éste es el caso de China. Pronto la combinación de trabajo abundante y relativamente bien educado, la avanzada tecnología de occidente, y la introducción gradual del imperio de la ley, generó un crecimiento explosivo de ingreso y ahorro. Esto produjo una caída sostenida en las tasas de intereses reales y nominales de largo plazo posiblemente porque la oferta de ahorro superó las necesidades ex-ante de inversión del mundo. En otras palabras, eventos geopolíticos que provocaron la caída de la tasa de interés dispararon un incremento sincronizado en los precios de las viviendas, lo mismo en Suiza, que en Alemania, que en Estados Unidos.

El otro factor fue el desarrollo de los mercados de derivados de crédito. Especialmente la bursatilización de los créditos hipotecarios de baja calidad o subprime. La caída en las tasas de interés generó una fuerte demanda por este tipo de instrumento de parte de los inversionistas que buscaban rendimientos atractivos en instrumentos de aparente alta calidad según los grados inflados que otorgaban las agencias calificadoras entonces.

Finalmente esta tendencia fue reforzada por factores políticos que con el propósito de facilitar la propiedad de bienes raíces entre los sectores más pobres de la sociedad llevaron a las agencias hipotecarias con garantía implícita del gobierno, Fannie Mae y Freddie Mac principalmente, a adquirir 40% de la emisión de estos instrumentos.

Éstos fueron los factores que según Greenspan crearon y alimentaron la burbuja. Las cuidadosas reglas del comité de Basilea fueron incapaces de generar márgenes adecuados de reservas, liquidez, y capital. A pesar de que los bancos comerciales estadounidenses eran regulados extensamente, con auditores basados en esas instituciones, éstos se llenaron de basura.

Greenspan asimila la crisis con lo que sucede en una inundación masiva como las que ocurren cada 100 años.

Greenspan concluye que no fue la política monetaria de la Reserva Federal (FED) que entonces dirigía la que provocó la Burbuja. No estoy de acuerdo.

Aunque las causas son multifactoriales y complejas, la Fed pudo y debió actuar con todos sus instrumentos para contrarrestarla, lo que Greenspan no hizo segado por su fe en los mercados.

rfeliz@eleconomista.com.mx

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