La asamblea de la ONU se convierte en hashtag sólo una vez al año.

Donald Trump está muy lejos del presidente Woodrow Wilson; el primero se encuentra desmantelando la arquitectura de un mundo multilateral por el que trabajó el segundo en 1918. Wilson quería una “asamblea general de naciones para dar garantías de independencia política y territorial a estados pequeños y grandes”, y Trump sale de los acuerdos de París (climático), nuclear (Irán) e INF (nuclear con Rusia) pensando que la multilateralidad reduce el campo de acción de Estados Unidos. Wilson, de vivir, se apenaría de lo que ocurre.

Lo mismo, de vivir en el siglo XXI, Jean-Jacques Rousseau e Immanuel Kant escribirían decenas de tuits lamentando el abandono que muestran los pilares del ente multilateral, la ONU. Ambos se la imaginaron hacia 1795: un proyecto de paz perpetua entre todos los países del planeta.

Fue hasta el Congreso de Viena de 1815, y desde los escombros que dejó la aventura napoleónica, cuando Reino Unido y los imperios austriaco, pruso y ruso pensaron que la proyección de la paz sería imposible sin la existencia de un ente multilateral. Francia cerró el círculo en 1856 al organizar una conferencia de paz multilateral después de la Guerra de Crimea.

Tras la devastadora Segunda Guerra Mundial, la ONU se convirtió en uno de tres pilares fundamentales de una arquitectura que proyectaba la “paz perpetua”: seguridad (1949).

Los otros dos son el FMI y el GATT (hoy OMC), y los derechos humanos.

Han pasado 70 años desde la creación de la ONU, y la próxima semana, su Asamblea General se encontrará en un entorno complejo: 18 drones manejados a distancia dispararon fuego contra refinerías en Arabia Saudita, las dictaduras de Venezuela y Nicaragua en América Latina se alimentan de la indolencia de la ONU, el desgajamiento de la Unión Europea con el Brexit a la cabeza como producto de una revolución populista, un presidente mexicano que nunca ha mencionado la palabra “multilateral” y Estados Unidos declarando la guerra a la migración, entre muchos otros temas.

América Latina es tan débil y tan poco avezada para aprender de los errores que desea pasar del eje chavista al eje de la OTAN (Colombia y Brasil con entusiasmo para hacer labores de catering de la Alianza Atlántica); Centroamérica hace lo imposible para evitar asimilar sus problemas de manera regional (el guatemalteco Jimmy Morales expulsando al ente que le ayudó a ganar las elecciones, la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala y el presidente de Honduras sorteando acusaciones de la justicia relativas a financiamiento del narcotráfico).

En Brasil, Bolsonaro emprende un viaje al pasado donde el ejército es protagonista en la política, mientras Macri, en Argentina, impulsa a los peronistas a través de sus errores.

Europa, con la excepción de Alemania, no ha logrado asimilar los efectos de la guerra civil siria, en particular, el flujo migratorio.

Steve Bannon, solo, destruye lo poco que ha intentado construir Jean-Claude Juncker desde la Comisión Europea.

O qué decir de la debilidad de Federica Mogherini (al frente de la diplomacia de la Unión Europea), frente al fuego de Nigel Farage y Boris Johnson en contra de Bruselas.

Facebook y su consenso

Apple, Amazon, Netflix y Google detonan más convocatoria que la ONU de António Guterres. Mala noticia. “La multipolaridad no ha sido acompañada por el multilateralismo”, comenta Thomas Gomart, director del Instituto Francés de Relaciones Internacionales, al periódico Le Monde (19 de septiembre).

En efecto, las potencias desean acumular más poder a través de un mundo asimétrico.

Facebook tiene más poder para destruir candidaturas o encumbrar a presidentes que un conjunto de urnas. Amazon conoce el comportamiento del consumidor con mayor claridad que un secretario de comercio o economía. Los activos de Google son menos vulnerables que economías como la argentina.

El consejo permanente de seguridad de la ONU encalló desde hace décadas: Estados Unidos, Francia, Rusia, China y Reino Unido encuentran con dificultades consensos por sus propios intereses.

A la ONU se le da respiración en la boca, pero no se le reforma. Es urgente. Tiene 74 años de edad pero, en un entorno de drones y del 5G, parece de 150 años. Se mueve con dificultades. Lo sabe António Guterres. Lo dice el secretario general de Naciones Unidas a través de un grito desesperado: “Los líderes deben traer planes para el clima, no discursos” (El País, 19 de septiembre).

¿Y México?

El presidente López Obrador decide prolongar su vigila internacional. Lleva 293 días sin realizar un viaje al exterior. Se perderá la oportunidad de hablar en la tribuna más famosa del mundo. Pero lo peor es no pensar en el multilateralismo.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.