Frente a un panorama de fuertes alzas en México, lo que hemos visto es un mutismo total de las autoridades de la Secretaría de Economía.

Para empeorar el panorama de la inflación interna, se tiene el muy desfavorable aditivo de la llamada inflación importada. Es decir, de las presiones alcistas que se transmiten internamente en la forma elevaciones en los precios de las importaciones.

La inflación es causa de desigualdad en razón de que afecta en mayor medida a los estratos sociales bajos. Pero en episodios inflacionarios hay otro factor que puede exacerbar el poder desigualatorio del fenómeno: una inflación más alta en la canasta de consumo de las clases mayoritarias. Según el excelente artículo de ayer de la reportera Yolanda Morales, esta última es la realidad que se deja ver actualmente en México.

Según esa fuente, siendo la tasa de inflación general anual de 6.2% al cierre de octubre, el incremento del subíndice de la canasta de consumo mínimo se ubicó, a igual fecha, en 7.15% y en 8.1% anual el subíndice que agrupa a los alimentos. Y dentro de este último universo, sobresalen las grandes elevaciones específicas del aceite (32.5%), el gas doméstico (26.2%), la manzana (25.6%) y la tortilla (16.1%).

Pero frente a ese panorama de fuertes alzas, lo que hemos visto es un mutismo total de las autoridades de la Secretaría de Economía. Un mutismo que aparenta parálisis. Se informa en particular que el precio del huevo se ha incrementado a tasa anual en casi 12%; sin embargo, no se ha notado la intervención con ídem en plural de esa dependencia para indagar que pasa del lado de la oferta para que se produzca ese aumento tan desproporcionado. Las autoridades pueden intervenir para estudiar lo que ocurre del lado de la oferta en todos esos bienes de alto incremento y aplicar medidas para estimularla en el corto plazo. No obstante, nada en ese sentido se ha dejado notar por parte de las autoridades correspondientes.

Para empeorar el panorama de la inflación interna, se tiene el muy desfavorable aditivo de la llamada inflación importada. Es decir, de las presiones alcistas que se transmiten internamente en la forma elevaciones en los precios de las importaciones. Se nos informa al respecto que la inflación en los Estados Unidos llegó en octubre a su registro más elevado desde 1990. Ese resultado nos sirve para recordar la afirmación metafórica de un economista del pasado (Edmundo Flores): “la inflación es la serpiente que acecha agazapada detrás del paraíso keynesiano”. Lo anterior, para ilustrar que seguramente el programa de estímulo fiscal de la administración Biden va en el sentido correcto, aunque tal vez la dosis sea excesiva.

bdonatello@eleconomista.com.mx

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico

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